La tertulia del Alabardero y el premio más insólito: una tiza para el “tonto contemporáneo”
Una broma cultural que hoy sería impensable, pero que marcó una época
La Taberna del Alabardero fue durante años algo más que un comedor con historia: también funcionó como punto de encuentro para una tertulia con sello propio. Allí se hablaba de política, sociedad y actualidad con el tono de otra época: más ironía, más retranca… y un ritual que, visto con ojos de hoy, sería difícil de sostener.
Porque en ese ecosistema de conversación y complicidades nació un premio tan peculiar como polémico: el del “tonto contemporáneo”. Un galardón que no pretendía ser lujoso ni solemne. Todo lo contrario.
La gracia, y el mensaje, estaba en el símbolo. El “trofeo” no era una placa ni una estatuilla: era una tiza. Un objeto mínimo, casi escolar, asociado a la imagen clásica del alumno señalado, la pizarra y el castigo de “copiar y pensar”. Un reconocimiento en clave de broma que buscaba provocar una sonrisa y subrayar el valor de reírse de uno mismo.
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