En su trigésimo octava edición, el Salón Gourmet se ha consolidado como uno de los grandes acontecimientos gastronómicos del mundo. Pero su origen fue mucho más humilde y, como reconoce su fundador, incluso nació de un revés empresarial. “Nosotros nacemos de un fracaso”, recuerda Paco, creador de la revista Gourmet y uno de los impulsores de la feria.
A mediados de los años setenta, tras el cierre de una publicación dedicada al motor, él y su socio decidieron reinventarse. Amantes de la buena mesa, el vino y los viajes, apostaron por un proyecto entonces casi inédito en España: una revista especializada en gastronomía. Así, en 1976, el mismo año en que veía la luz El País, nacía la revista Gourmet, germen de lo que una década más tarde se convertiría en el Salón Gourmet.
El paso decisivo llegó en los años ochenta, cuando detectaron que cocineros y productores apenas tenían espacios de encuentro. “No se hablaban, no se llevaban bien”, explica. De esa necesidad surgió la idea de organizar una gran cita profesional que los reuniera. En 1982 se celebró la primera edición, con apenas 62 expositores y figuras entonces emergentes como Juan Mari Arzak o Pedro Subijana. Incluso don Juan de Borbón acudió como invitado de honor, otorgando al evento un respaldo institucional que marcó su proyección.
El crecimiento fue imparable. Al año siguiente ya superaban los 80 participantes y, con el paso de las décadas, el salón se transformó en una plataforma internacional. Hoy, más de 2.000 expositores de todo el mundo presentan sus productos en una feria que es punto de encuentro de chefs, productores, distribuidores y prescriptores.
Lo que comenzó como una intuición editorial y un pequeño foro de diálogo se ha convertido en un referente global de la alta gastronomía. Una historia de visión, constancia y pasión que explica por qué el Salón Gourmet es hoy mucho más que una feria: es el gran escaparate del talento culinario y del producto de calidad a escala internacional.