El 'perro-oso' que vivió en Madrid

  • Descubren una nueva especie que vivió hace 9 millones de años,  en el yacimiento del Cerro de los Batallones
El 'perro-oso' que vivió en Madrid
La nueva especie descubierta en Cerro de los Batallones |AGENCIA SINC

Los científicos le han llamado ammitocyon kainos pero es lo más parecido que podemos imaginar a un hipotético, e improbable, cruce entre perro y oso. Es, o era, porque este animal vivió en el Mioceno hace más de 9 millones de años.

En aquella época Madrid era muy diferente, grandes animales como elefantes, rinocerontes, o incluso tortugas gigantes, campaban a sus anchas entre praderas y bosques. Era la época de los espectaculares tigres diente de sable y de las grandes manadas de antílopes que les servían de alimento; la época de los hypariones (cebras de tres dedos). Y también la del jiráfido sivaterino, animal de cuatro cuernos parecido a un okapi.

Era, sobre todo, la época de los grandes carnívoros.

¿Cómo lo sabemos? Lo sabemos por los restos encontrados en el yacimiento del Cerro de los Batallones, un lugar perfecto para encontrar restos porque está lleno de cavidades en las que los animales buscaban agua o presas y que se convertían en trampas mortales de las que luego no podían salir.

Un viaje en el tiempo

Cerro de los Batallones es un viaje en el tiempo, nos da una imagen muy precisa de cómo era hace millones de años lo que hoy conocemos como Comunidad de Madrid. En el yacimiento se han encontrado en total nueve cavidades con rellenos sedimentarios que contienen fósiles y muchas especies, algunas nuevas, como este nuevo perro-oso.

Los fósiles de esta nueva especie se desenterraron entre los años 2008 y 2011 y al principio fueron asignados a otro género (Thaumastocyn). Análisis posteriores y detallados de su dentición han revelado que se trata de una especie nueva.

Es el último miembro descubierto de la subfamilia que se conoce popularmente como 'perros-oso' por su aspecto, que podría describirse como una mezcla entre estos dos animales. En realidad no está emparentado con ninguno de ellos

Una mandíbula impresionante

Y debía ser un animal de aspecto impresionante, tenía un mentón y hocico muy robustos y unos caninos e incisivos muy grandes. Sus muelas carniceras estaban muy desarrolladas y las distintas áreas de su mandíbula cumplía diferentes funciones. La zona delantera servía para inmovilizar a la presa y la parte posterior cortaba la carne en pedazos. Su mordida debía ser impresionante. Y terrible.

"su boca es como una navaja suiza"

Juan Abella, investigador del Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont (ICP )y coautor del estudio que ha presentado esta nueva especie, destaca la fuerza y precisión de su mandíbula y la compara a una navaja suiza. El resto de su cuerpo no se quedaba atrás: las patas eran muy robustas y fuertes. El equipo investigador ha calculado que pesaba más de 230 kg.

No hay ninguna especie viva que esté tan bien adaptada a la dieta carnívora, los investigadores lo han clasificado como un hipercarnívoro, definición que se aplica cuando más del 70% de la dieta se basa en la carne.

El ammitocyon debía ser una máquina terrible una vez tenía la presa en sus mandíbulas pero no era un gran cazador, su anatomía no le debía permitir ser demasiado ágil y rápido, como los felinos.

El nombre de la nueva especie significa 'El nuevo perro de Ammit', una deidad egipcia con cabeza de cocodrilo y patas de león e hipopótamo

No queda ningún descendiente de esta especie, ni de la familia de los 'perro-oso' pero en el pasado fueron uno de los grupos de carnívoros más numeroso los reyes de Europa y Norteamérica

Cerro de los Batallones

El Cerro de los Batallones, se encuentra en la localidad madrileña de Torrejón de Velasco y lleva ya 30 años de excavaciones. El primer yacimiento se descubrió en 1991 y en el año 2011 fue declarado Bien de Interés Cultural por la Comunidad de Madrid.

La investigación sobre el ammitocyon kainos ha sido realizada por investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales, el Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont, la Universidad de Alcalá, la Universidad de Zaragoza y el Instituto Universitario de Investigación de Ciencias Ambientales de Aragón.