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Cristina Cifuentes ha sido investida presidenta de la Comunidad de Madrid, convirtiéndose así en la quinta persona que ocupa este cargo en la región tras el socialista Joaquín Leguina y los populares Alberto Ruiz-Gallardón, Esperanza Aguirre e Ignacio González.

Lo dijo y pareció una más de las cosas que se dicen en campaña, "gobernar es pactar", pero al final esta convicción, fundamental a la hora de montar el puzzle que el 24M ha dibujado en casi toda España, ha permitido a Cristina Cifuentes alcanzar la Presidencia de la Comunidad de Madrid.

Cristina Cifuentes Cuencas, madrileña convertida a sus 50 años y tras media vida en la política regional en una de las caras de la nueva imagen del PP, ha demostrado en las cuatro últimas semanas que domina el arte de la negociación y que controla los tiempos y las formas con habilidad.

También es cierto que el acuerdo con Ciudadanos parecía natural, a pesar de los desprecios -eran tiempos de arañar votos- que Cifuentes les había lanzado en campaña, como que "son muy jóvenes, dan muy bien en la tele y son muy aseaditos".

Cifuentes y el líder de Ciudadanos en la Comunidad de Madrid, Ignacio Aguado, no han tenido excesivas dificultades para acordar un documento con medidas en muchos casos comunes, pero no hay duda de que la predisposición a la negociación de la candidata popular ha ayudado.

Vencedora sin mayoría absoluta el 24 de mayo, Cifuentes ha demostrado en los menos de cuatro meses transcurridos desde que el presidente del PP, Mariano Rajoy, la aupara al tándem electoral con Esperanza Aguirre, que domina perfectamente la imagen pero también que detrás de su melena rubia, de su famosa coleta, y de sus cinco tatuajes, hay una política que sabe manejarse en las distancias cortas.

Como hizo antes en sus tres años al frente de la Delegación del Gobierno en Madrid, la nueva presidenta autonómica ha sabido elaborar un proyecto con identidad propia, y lo ha trasladado a un programa de 300 propuestas a las que no ha renunciado pese a tener que pactar otras 76 con Ciudadanos.

Tanto en la campaña como en la negociación posterior para su investidura, Cifuentes ha demostrado ser como política lo que es como persona, una caminante paciente.

La ya flamante inquilina de la Real casa de Correos de la Puerta del Sol es una caminante de fondo, que hace kilómetros y kilómetros a pie en cuanto puede. Y es además una persona paciente, que sabe esperar valorando lo que tiene en cada momento, sobre todo después del accidente de moto que sufrió en agosto de 2013, tras el que estuvo a punto de morir varias veces, como ha relatado ella misma en alguna ocasión.

TOLERANTE Y TRABAJADORA

Licenciada en Derecho, máster en Administraciones Públicas y miembro del Cuerpo de Técnicos Superiores de la Universidad Complutense, Cifuentes ha pasado la mayor parte de su vida política, desde que se afilió a la Alianza Popular de Manuel Fraga, vinculada a los proyectos de Alberto Ruiz-Gallardón y Esperanza Aguirre.

Tanto en la Asamblea de Madrid, donde pasó cuatro legislaturas completas y un año de la última hasta su nombramiento como delegada, como en el partido, donde ha sido miembro de la dirección autonómica del PP y presidenta del Comité regional de Derechos y Garantías, ha sabido restar importancia a las diferencias y centrarse en los principios comunes.

Que a lo largo de su carrera se haya definido, normalmente a instancias de quienes han querido destacar más esas diferencias, como republicana, agnóstica o partidaria de una ley de plazos para regular el aborto, no le ha impedido compartir el ideario fundamental de la ideología popular.

Quienes la conocen bien definen a Cristina Cifuentes como una persona "normal" y "buena gente", "muy trabajadora" y "perfeccionista".

Entre sus colaboradores hay quien no duda en calificarla de "hiperresponsable", lo que unido a su capacidad de trabajo y perfeccionismo -"le gusta que las cosas queden no bien, sino muy bien", ha apuntado alguno-, le lleva a trabajar casi todas las horas del día.

También es considerada en general una persona cercana, "dialogante" y "muy tolerante", lo que le permite llevarse bien con sus adversarios -se considera amiga por ejemplo de los líderes de Ciudadanos, Albert Rivera, y de UPyD, Rosa Díez-, aunque a la vez "firme".

Es especialmente activa en Twitter, una red social a la que se unió en diciembre de 2008 y en la que tiene casi 89.000 seguidores, 10.000 más que hace solo un mes.