Cuando el coronavirus no te deja volver a España

Panel con cancelación de vuelos
Panel con cancelación de vuelos

El confinamiento y el cierre de fronteras para evitar la transmisión del coronavirus durante meses ha complicado el regreso de muchos españoles que se encontraban en otros países en el momento de la llegada de la pandemia. Una situación de emergencia sanitaria que impidió que muchos de ellos pudieran regresar a sus casas.

Es el caso de Paula y Marlyn, dos españolas que se vieron atrapadas en dos países diferentes y que tuvieron que vivir en primera persona la desesperante situación de no poder volver a España por las restricciones sanitarias contra el Covid.

“Tienes ansiedad de que estás en un país extraño”. Así recuerda Paula, una jubilada de Cataluña que viajó a Isla Mauricio junto a su marido días antes de que el coronavirus cerrase las fronteras internacionales, su paso por el país durante la pandemia. Pensaban que en esta ocasión, al igual que los otros años anteriores, volverían a disfrutar de sus vacaciones dentro de la normalidad: “Venimos aquí a pasar todos los inviernos”.

“Decidimos quedarnos aquí porque nunca pensamos que se alargaría tanto”

A pesar de que tenían comprado vuelo de ida y de vuelta tras pasar en la isla los meses de enero, febrero y marzo, a día de hoy continúan allí. Aseguran que cuando rechazaron volver a primeros de marzo nunca se imaginaron que unos días después se declararía una pandemia mundial y no tendrían opción de regresar hasta pasados unos meses. “Decidimos quedarnos aquí porque nunca pensamos que se alargaría tanto”, cuentan.

Paula en Isla Mauricio |Telemadrid

A partir de ahí, la pesadilla para Paula y su marido comenzaría lejos de su familia, amigos y conocidos. En un país a más de 9.000 kilómetros de España: “La gente se fue, se fueron los turistas y el país se cerró”.

La primera vez que tuvieron oportunidad de regresar a Barcelona fue en agosto. Fue, recuerda Paula, con destino a Madrid pero al tener que realizar varias escalas en diferentes aeropuertos y valorando el riesgo de contagiarse a su edad, prefirieron optar por quedarse unos meses más en el país para volar con seguridad.

“Tienes ansiedad de que estás en un país extraño”

Durante tres meses el país mantuvo duras restricciones. Para evitar el desabastecimiento sólo se podían comprar dos veces a la semana, “sólo tres artículos de primera necesidad”.

Afirma que tuvieron problemas de ansiedad y miedo; y “había días que pensábamos que teníamos que habernos vuelto”. La Isla de Mauricio, situada a 1.000 kilómetros de Madagascar, mantiene a día de hoy un protocolo estricto de entrada y salida de viajeros. Explica Paula que el turista que llega ahora a la isla debe pagar 1.000 euros y permanecer 15 días en un hotel.

Tras tres pruebas PCR en el que el resultado sea negativo por contagio de coronavirus, el turista puede moverse por el país.

Finalmente, en octubre ella y su pareja decidieron quedarse de forma voluntaria debido al aumento de casos positivos en España. En unos meses prevén volver a casa tras pasar en el país cerca de un año por la pandemia.

"Ese mismo día cerraban fronteras"

Esa sensación, la de tener miedo y ansiedad por encontrarse a cientos de kilómetros de casa también la vivió en primera persona Marlyn. Es una joven valenciana de 22 años que viajó con su familia en febrero de 2020 a Ecuador: “Solo había un caso de coronavirus, nos fuimos tranquilas”.

Tras pasar varias semanas en el país, su familia cogió, sin saberlo, el último vuelo con destino a España “ese mismo día cerraban fronteras”. Marlyn explica a Telemadrid.es que no pudo regresar con ellos porque necesitaba solucionar unos asuntos personales y pasaría esos días en casa de unos conocidos. A pesar de que el vuelo de regreso de Marlyn estaba previsto para una semana más tarde, nunca pudo cogerlo.

Marlyn y su familia en Ecuador |Telemadrid

“Me empecé a agobiar”, pensaba que podría arreglarlo sin necesidad de gastar mucho dinero. Pero no fue así. Junto al cierre de fronteras internacionales también Ecuador, el país en el que se encontraba, quedó blindado. "No podría salir, tampoco a comprar nada”. Asegura que llamó a la policía y todo se encontraba cerrado.

"Me empecé a agobiar y a llorar"

Ahí comenzó su odisea para encontrar un transporte que la llevara desde Loja, la ciudad donde se encontraba Marlyn, hasta Quito. Su desesperación aumentó, asegura, cuando la compañía aérea con la que volaba le cambiaba la fecha de regreso a España, según se acercaba la fecha del vuelo.

Sin vuelos hasta julio

"Tras hablar con ellos me confirmaron que no habría vuelos hasta julio". Fue entonces cuando Marlyn decidió compartir su situación en redes sociales y pedir ayuda para volver a casa con su familia: “Empecé a llorar. Llamé a todo el mundo”.

Tras esperar unos días más en el país y, para su sorpresa, ya que asegura que Iberia en ningún momento se llegó a comunicar con ella, comprobó que en tres días salía un vuelo desde Quito con destino Madrid. "Nadie me llamó para decirme que me había cambiado el vuelo. Me agobié, no sabia que hacer, el vuelo salía el miércoles y era sábado", relata.

Fue dos días antes cuando consiguió hablar con el consulado de Santiago de Guayaquil y explicar su situación. Marlyn pidió ayuda ya que se encontraba en una ciudad alejada de Quito y no encontraba forma de desplazarse hasta el aeropuerto para conseguir volver a España. La única alternativa: un taxi que le cobraría 700 dólares por llevarla a Quito: "necesitaba un salvo conducto para cruzar el país".

Ante la imposibilidad de pagar esa cantidad de dinero, Marlyn decidió viajar en un coche de un particular por 400 euros. Una vez en Quito pudo coger un avión para expatriados con destino a España: “el vuelo iba superlleno y nadie me hizo ningún tipo de control sanitario en el aeropuerto ni me tomaron la temperatura”.

Pero la pesadilla de Marlyn continuó también en España. Asegura que tuvo que esperar más de diez horas tras llegar al aeropuerto de Madrid-Barajas hasta encontrar un AVE con destino a Valencia. Finalmente, Marlyn volvió a casa después de estar en Ecuador mes y medio más de lo previsto “cuando estaba en Ecuador pasé miedo, no me imaginaba tantos meses allí”.