El Juli y Diego Urdiales brillan frente al patriotismo exacerbado del clavel

Rara es la tarde de San Isidro en la que no se escucha un viva España o un viva el rey cuando este acude la plaza. En la corrida de la Beneficencia, ese fervor se multiplica por la enésima potencia, acrecentado por una copiosa previa entre rabo de toro, torreznos y compras múltiples de pulseras de España, gafas de sol "quemaojos" de 10 euros y bien de cañas y combinados premium. Lo que es una tarde importante en San Isidro. Celebrar que es miércoles, que estamos vivos, que hay toros y que la feria va de maravilla. Y si torea Urdiales, viene El Juli, hay un caballo y está Felipe VI en el palco, lluvia de billetes en plan rapero.

Todo el festejo se vivió entre vítores a la Corona y normalidad en el ruedo. Fue en los dos actos últimos cuando toda la previa se amontonó en las neuronas y salió el Madrid foráneo más belicoso y rancio. Gente que viene un solo día a los toros y aprovecha para llenarse de taurineo. Así al menos tendrá cargado el depósito hasta la siguiente Beneficencia, domingo de Resurrección o el día que a José Tomás le de por anunciarse en Las Ventas. Ayer sucedió en Madrid uno de los episodios más desafortunados y peligrosos para la Tauromaquia que se recuerdan.

En el palco, Felipe VI junto al ministro socialista José Luis Ábalos. Enfrente, al sol, un compendio de elementos de distinto tipo y condición con gustos taurinos dispares y formas de entender la organización del país antagónicas. En el quinto, se debatió qué manera de torear ha de imponerse. El Juli estuvo sencillamente perfecto con un toro encastado y que fue a más. El torero sacó el fondo del de Núñez del Cuvillo y dio una lección de conocimiento, temple, gusto y poderío. La espada falló y perdió un trofeo de peso. Y fue ahí, en el momento de la estocada, cuando la plaza empezó a debatir. Unos recriminaron al diestro su peculiar concepto de entrar a matar; otros, se encararon con ese reducto, se tomaron fotos e incluso se citaron a la salida.

Entre gritos de "fuera, fuera" arrastraron al toro para que saliese el sexto. Y seguían encarados, dando un ridículo espectáculo. Casposo, muy casposo ese comportamiento en los toros. Fue Ábalos el que tildó de casposo el comportamiento de ciertos taurinos. Y se refería precisamente a aquellos que le acompañaron ayer en Las Ventas. ¿Tienen alguna duda? Ábalos tenía y tiene razón. El sexto de Cuvillo, que correspondía a Diego Urdiales, se fue al corral por flojo y salió un sobrero de La Reina. Y con uno de La Reina y el rey en el palco, el acabose. No se entonó ningún olé, pero cada 20 segundos aproximadamente un viva el rey y un viva España. Una pesadilla. Ante tanto jaleo, una voz, a modo de broma entiendo, emergió del sol y chilló: "viva la república". Absolutamente toda la plaza se giró contra ella de forma sectaria. Le dijeron de todo menos bonita.

Mientras, Diego Urdiales con la muleta montada bajo un griterío que ni una bronca a Curro Romero. Miraba al callejón buscando soluciones. Lo mejor hubiese sido coger la espada, pegar un sartenazo y salir pitando de allí. Pero no, el riojano se puso y cuajó una faena de mucha entidad ante un complicado toro. Y ahí, otro grito: "Ábalos, dimisión, aquí estamos los casposos". Acto seguido, el ministro y el rey cruzaron la mirada partiéndose de risa. Reír o llorar, esa era la cuestión. Dicen que la Tauromaquia es de todos, y vaya si lo es. De intelectuales, políticos, monarcas y también de gente irrespetuosa, casposa y con afán de protagonismo.

El Juli y Urdiales lo bordaron. Solo la espada les impidió tocar pelo, pero ahí quedan dos faenas de dos figuras del toreo. A caballo, Diego Ventura hizo frente a dos animales deshechos de tienta y defectuosos de Los Espartales. Se impuso a ellos y cortó una oreja al cuarto, amén de un sensacional par de banderillas a dos manos a lomos de Dólar, al que montó sin cabezada. A lamentar, otro percance de mucha gravedad. Esta vez le tocó pasar por el hule a Víctor Hugo Saugar, "Pirri", un excelente banderillero que vio como el pitón del toro se adentraba 35 centímetros por su glúteo. Vaya feria dura para los toreros y para el equipo médico.

Entramos en el epílogo de la feria con una tarde muy especial. Regresan los toros de Cuadri en la temporada en que se retira su ganadero, don Fernando Cuadri, un hombre de campo querido y respetado por todo el mundo taurino. Tratarán de triunfar con ellos Rafaelillo, López Chaves y Octavio Chacón. Vayan tranquilos hoy a la plaza, que no habrá peleas ni gritos.