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Un ejemplo del horror que dejan atrás los refugiados afganos lo tenemos en Zabiulah, un joven que huyó del país perseguido por los talibanes y que empieza de cero en un centro de acogida en Getafe gracias a CEAR.

Telemadrid ha estado con él. Dice que da la cara porque ya no tiene nada que perder en Afganistán. Los talibanes asesinaron a sus padre al negarse él a unirse a ellos. "Tuve que huir yo solo. Los talibanes querían que me uniera a ellos pero yo me negué, así que mataron a mis padres como represalia. No me quedó más remedio que escapar porque si no, me hubiesen matado también a mí", dice.

Con 28 años era agricultor en la provincia norteña de Tahar. Hasta llegar a Madrid tuvo que atravesar por carretera ocho países, y hacerlo en manos de una mafia.

"Me gasté todos los ahorros de mi familia para pagar los seis mil dólares que me pedía una banda de traficantes de personas para poder salir del país y alcanzar Europa. Tuve que viajar en los bajos de los camiones, atravesando ocho países hasta llegar a España. No elegí mi destino, no sabía a dónde me llevaban", comenta.

Él fue de los primeros en sufrir la represión talibán. Ahora ve a sus compatriotas intentar hacer lo mismo que él: huir a la desesperada de su propio país. Una situación que le preocupa y llena de miedo.

"Ahora es un lugar muy peligroso. La gente huye del país porque los talibanes nos quitan los derechos para imponer su control. No hay futuro en Afganistán".

Gracias a CEAR, Zabiulah vive en un centro de acogida en Getafe. Sueña con formar una familia, justo lo que él perdió en Afganistán por culpa de los talibanes.