Lo hacemos más por impulsividad que por necesidad. Comprar lo que no necesitamos puede volverse en una práctica muy habitual para muchos. El factor emocional puede influirnos a la hora de tirar de tarjeta.
Artículos que un día decidimos adquirir pero que quedan almacenados en algún punto de nuestra vivienda hasta que algún día decidimos deshacernos de ellos. Hay que tener cuidado con las compras compulsivas porque muchas acaban el portales de segunda mano.
Tres de cada cuatro españoles admite haber comprado algún producto usado en algún momento de su vida. El 40% reconoce haber puesto algo a la venta.
Un mercado en auge también gracias a la concienciación con el reciclaje.