En medio de una guerra, la República Islámica debe elegir un nuevo líder supremo tras la muerte el sábado de Alí Jameneí en un ataque de Estados Unidos e Israel tras 36 años en el cargo y aunque suenan varios nombres no hay un claro favorito.
El líder supremo de Irán es la máxima autoridad política del país. Suya es la potestad para definir las políticas generales de la República Islámica y la designación de altos cargos como el mando de las Fuerzas Armadas, al presidente del Poder Judicial, al jefe de la televisión pública o al comandante en jefe de los poderosos Guardianes de la Revolución, según la Constitución del país. También elige directamente a la mitad de los miembros del Consejo de los Guardianes, cuerpo que veta a los candidatos -la otra mitad la designa el jefe del Poder judicial, al que elige también el líder supremo- y de hecho firma el decreto que formaliza la elección de un presidente.
Mientras se elige a un nuevo líder, se contempla la formación de un consejo que asume el liderazgo provisional del país formado ahora por el presidente, Masud Pezeshkian, el jefe del Poder Judicial, Golamhosein Mohseni Eyei, y un miembro del Consejo de lo Guardianes, que en esta ocasión será el ayatolá Alireza Arafi.
La sucesión de un líder solo se ha dado en una ocasión, cuando en 1989 murió el fundador de la República Islámica y primer líder el ayatolá Ruholá Jomeiní. Entonces Jameneí fue el elegido, aunque no partía como favorito.