La ciudad de Valencia ha puesto el broche final a las Fallas con la celebración de la 'Nit de la Cremà', el acto más simbólico y esperado de estas fiestas.
A lo largo de la noche, el fuego ha ido consumiendo cerca de 800 monumentos falleros, desde las grandes fallas hasta las infantiles, en un espectáculo que combina emoción, tradición y despedida.
Las llamas han iluminado distintos puntos de la ciudad mientras miles de personas seguían en directo el final de semanas de trabajo y creatividad.
Entre aplausos y emoción, los valencianos han despedido unas fiestas que vuelven a destacar por su capacidad de unir arte efímero, crítica social y tradición popular.
Cada monumento, construido con detalle durante meses, desaparece en cuestión de minutos, cumpliendo así con el ciclo que define la esencia de las Fallas.
La Cremà no solo marca el final de las celebraciones, sino también el inicio de una nueva etapa, en la que ya comienza a gestarse la próxima edición.
Un ritual que se repite cada año y que convierte a Valencia en uno de los grandes escenarios festivos del mundo.