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La llegada del verano no solo trae altas temperaturas y vacaciones. También supone un desafío para la salud cardiovascular. Los especialistas advierten de que durante estos meses muchas personas modifican sus hábitos cotidianos de una forma que puede afectar al buen funcionamiento del corazón.

La reducción del consumo de agua, el aumento de las bebidas alcohólicas, la menor actividad física y una alimentación más desordenada son algunos de los comportamientos más frecuentes durante el periodo estival.

Según los cardiólogos, estos cambios pueden favorecer problemas como la deshidratación, alteraciones de la tensión arterial o episodios de arritmias, especialmente entre personas mayores, pacientes con enfermedades cardiovasculares previas o quienes toman medicación para la hipertensión.

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A ello se suma que las comidas fuera de casa suelen incorporar una mayor cantidad de productos ultraprocesados, grasas, sal y azúcares, factores que también contribuyen a incrementar el riesgo cardiovascular.

Los expertos recomiendan mantener una correcta hidratación, moderar el consumo de alcohol, seguir practicando ejercicio físico adaptado a las horas de menos calor y procurar conservar una alimentación equilibrada durante las vacaciones.

Pequeños gestos que, recuerdan, pueden marcar una gran diferencia para proteger el corazón en una de las épocas más exigentes del año para nuestro organismo.