La imagen del satélite habla por sí sola. Es el antes y el después de la riada mortal que ha asolado la frontera entre China y Nepal. Es la imagen del infierno que ha convertido lo que eran campos y viviendas en un inframundo sepultado por el lodo.
El temor de los habitantes en este momento es que la tragedia vuelva a repetirse. China ha evacuado zonas del Tíbet que están en peligro de ser inundadas de nuevo. Las investigaciones apuntan a la rotura de un glaciar como origen del desastre.
Los esfuerzos se centran ahora en el rescate. Hay cerca 1.500 desaparecidos, entre ellos cuatro españoles. La desoladora cifra de muertos supera ya los 290 y hay más de 300 heridos.
Los helicópteros de rescate rastrean el curso de la devastación a lo largo del valle entre China y Nepal. Las huellas del desastre describen lo pavoroso de este desastre natural.
La inmensa ola arrasó pueblos ribereños con una potencia descomunal. Los puentes no pudieron superar el empuje. Tampoco las casas. Los vehículos fueron arrastrados como juguetes. Los habitantes todavía no dan crédito: en unos pocos minutos su vida también se desmoronó. “Nos avisaron de que había una riada aguas arribas, que corriéramos, que nuestra tienda no aguantaría”, relata un comerciante.
Su vida, como la de tantos otros, ha quedado sepultada por el lodo. Es una más de las historias de los supervivientes. Como la del niño que logró ponerse a salvo con el agua al cuello mientras otros grababan su esfuerzo sin tenderle una mano. O la de una anciana rescatada in extremis del lodo a bordo de una excavadora.
En los hospitales son cientos de personas las que buscan desesperadas noticias de sus familiares. Pueden ser uno de los más de 1.500 desaparecidos, entre ellos cuatro españoles que continúan sin ser localizados.
Los científicos barajan como principal hipótesis de la riada la rotura de un glaciar a más de 5.000 metros de altura. El derrumbe habría represado las aguas del río. Con más de mil metros de desnivel la avalancha tomó una fuerza inmensa y desató la tragedia.