Diez entidades del ámbito sanitario -integradas por profesionales de la salud, gestores y pacientes- han presentado este jueves la primera Alianza Estratégica para la Salud Vascular (AESV), una iniciativa conjunta que nace con el objetivo de concienciar a la sociedad sobre el impacto de las enfermedades vasculares y contribuir a reducir las más de 113.000 muertes que provocan cada año, cerca de una de cada cuatro registradas.
La Alianza Estratégica para la Salud Vascular está compuesta por sociedades científicas, como la Sociedad Española de Angiología, Cirugía Vascular y Endovascular, la Sociedad Española de Cardiología, la Sociedad Española de Directivos de la Salud, la Sociedad Española de Medicina Interna y la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria.
Según los representantes de la Alianza, las enfermedades crónicas vasculares -que incluyen la patología cardiovascular, arterial periférica, cerebrovascular, enfermedad venosa crónica o complicaciones como el pie diabético- afectan cada día a más personas y tienen un gran impacto, aunque, su visibilidad social continúa siendo mínima.
Llamamiento urgente
Por ello, la Alianza ha publicado el Manifiesto en Defensa de la Salud Vascular, un llamamiento urgente que presentarán al Ministerio de Sanidad y comunidades autónomas, y que busca situar esta materia como una prioridad en las políticas sanitarias y reconocerla como un desafío estructural de primer orden. "Debemos visibilizar estas enfermedades y convertirlas en una prioridad para las políticas sanitarias.
Existe una infravaloración por parte de profesionales, pacientes y familiares, lo que se traduce en un bajo nivel de diagnóstico y en peores resultados", ha señalado José Ramón March, representante de la AESV.El Manifiesto también resalta que la adherencia terapéutica es un factor fundamental y debe ser considerada esencial para la eficacia del sistema.
En este sentido, los expertos subrayan que, al tratarse a menudo de patologías silenciosas o de evolución progresiva, los retrasos en el diagnóstico y la falta de continuidad y persistencia en los tratamientos se traducen en complicaciones y hospitalizaciones que podrían haberse evitado, así como en un mayor consumo de recursos sanitarios.
La Alianza subraya la necesidad de reconocer la salud vascular como una prioridad política y sanitaria, adoptar modelos de atención coordinada que aborden de forma conjunta los factores de riesgo, situar al paciente como actor corresponsable de su tratamiento, y combatir dos barreras estructurales que siguen condicionando los resultados: la falta de adherencia y la inercia diagnóstica y terapéutica. "Los pacientes conviven con estas enfermedades sin ser plenamente conscientes del riesgo real.