El estadio Metropolitano vivió anoche el octavo de los diez conciertos que Bad Bunny ofrecerá en Madrid dentro de una cita musical que está congregando a más de 62.000 espectadores cada noche. Aún quedan dos actuaciones, previstas para el domingo y el lunes, y para garantizar la seguridad y la movilidad en el entorno del recinto, el Ayuntamiento mantiene desplegado un amplio dispositivo de la Policía Municipal.
La jornada comienza horas antes de la apertura de puertas. Tras el pase de lista, más de 70 agentes reciben instrucciones y se distribuyen por los distintos puntos estratégicos. Desde las cinco de la tarde, cuando se abren los accesos al estadio, los alrededores empiezan a llenarse de aficionados. La organización del tráfico y de los itinerarios peatonales resulta clave para evitar aglomeraciones y garantizar una llegada ordenada de los asistentes.
Además de los agentes uniformados, efectivos de paisano patrullan entre el público para detectar posibles delitos relacionados con la falsificación de productos, la venta ambulante ilegal o la reventa de entradas. El dispositivo también cuenta con apoyo tecnológico y vigilancia aérea mediante drones para supervisar la situación en tiempo real, especialmente en puntos críticos como la conexión entre la M-40 y la avenida de Arcentales durante las horas de mayor afluencia.
La prueba más exigente llega al finalizar el espectáculo. Gracias a la coordinación policial y a las nuevas infraestructuras implantadas en la zona, el estadio puede desalojarse en apenas siete minutos y el entorno queda prácticamente despejado en una hora y media. Una mejora significativa respecto a hace dos años, cuando el proceso requería el doble de tiempo. Un operativo que permite compatibilizar grandes eventos multitudinarios con la seguridad y la movilidad de los miles de asistentes que cada noche disfrutan del fenómeno Bad Bunny en Madrid.