45 historias de dolor: las vidas truncadas por el accidente ferroviario de Adamuz
Detrás de los 45 fallecidos hay vidas marcadas por el servicio, la familia y los proyectos interrumpidos
El capitán legionario Álvaro García Jiménez es una de las dos últimas víctimas identificadas del siniestro ferroviario. Su cuerpo fue localizado al fondo del talud al que se precipitó el convoy del Alvia. Tenía 32 años, era enfermero militar y regresaba de unas vacaciones tras volver de una misión en Irak.
Con él y con un ciudadano ruso se completa la cifra definitiva de 45 muertos. Detrás de ese número, 45 vidas marcadas por el servicio, la familia y los proyectos interrumpidos.
La UME rindió honores a Álvaro García Jiménez a la salida del féretro del Instituto de Medicina Legal. Capitán enfermero de La Legión, viajaba en el tren de Iryo accidentado. Sus compañeros lo describen como un militar vocacional, siempre dispuesto a ayudar y volcado en el cuidado de los demás.
Historias de servicio, de familia y de despedidas pendientes
Entre las víctimas también se encuentra David Cordón, exfutbolista y enfermero. Volvía a Huelva tras asistir a un partido de su hijo, Davinchi, jugador del Getafe. Quienes compartieron trabajo con él destacan que nunca dudaba en echar una mano. Ese trayecto de regreso fue el último.
Manoli y su cuñada Esther habían viajado juntas a Madrid para disfrutar de un espectáculo gracias a unas entradas. Regresaban en el Alvia, en el segundo vagón. En Huelva eran muy queridas y su pérdida ha causado una profunda conmoción.
Víctor, de 52 años y origen boliviano, trabajaba cuidando a personas mayores. Antes de subir al tren habló con su familia y quedaron en verse al día siguiente. Nunca llegó. De él resaltan su gran corazón y su constante apoyo a otros inmigrantes.
Julio, considerado un referente del baile latino, viajaba por motivos profesionales. Su muerte ha sacudido al mundo de las artes escénicas.
María Eugenia Gallego acababa de jubilarse tras muchos años al frente de un supermercado en la localidad madrileña de Alpedrete. Volvía a casa después de pasar el fin de semana con su hija en Cádiz.
También viajaba María Luisa Eugui, que se desplazaba para despedirse de un cuñado gravemente enfermo. Sin saberlo, en ese mismo tren se encontraba su nieta, que resultó herida.
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