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En el siglo XII, las cañadas reales eran las 'autopistas' para el ganado. Y su entrada en las ciudades era vital para asegurar que no faltara carne y leche fresca. Fundadas por Alfonso X el Sabio, durante muchos años fueron caminos protegidos. Una de estas cañadas atravesaba Madrid por una gran avenida que hoy ha cambiado por completo: la calle de Alcalá.

Desde las Ventas hasta el Manzanares

El ganado entraba en Madrid por el puente Viveros y la calle Alcalá. Hacía escala en la zona de la Plaza de las Ventas, en donde había un enorme descansadero. Los pastores continuaban camino por Alcalá, atravesando el arroyo que pasaba por la Castellana y el Paseo del Prado. Seguían por Arenal hacia el Manzanares.

Por el puente Viveros entraban unas 200.000 cabezas de ganado de forma habitual durante el siglo XVI

Sí, la calle Alcalá era una Cañada Real, y aún se conserva algún 'mojón' que así lo certifica. Gracias a estos monolitos de cemento que indicaban el kilómetro de la cañada, los pastores podían guiarse y sabían cuánto trecho les faltaba.

La M-30 era un arroyo. La calle O'Donnell una vereda, la de La Elipa. También la Castellana y el Paseo del Prado eran largas veredas serpenteadas por un arroyo.

Para pasar por aquí, los pastores debían pagar 50 maravedís por cada 1.000 ovejas que llevaban. Era su particular 'impuesto' por atravesar las avenidas principales de la gran ciudad. A cambio, los madrileños podían contar con carne y leche fresca.

Tradicionalmente había que pagar 50 maravedís por cruzar con mil ovejas por el centro de Madrid

Una vez al año (en octubre), se celebra la fiesta de la trashumancia. Y al menos durante un día, las ovejas vuelven a ocupar el lugar que un buen día les correspondió.