Influencers y obligaciones legales: cuando crear contenido deja de ser un hobby
Entrevista a Javier Echavarrí, Socio Director de Oficina de Maio Legal y Carol Murtra, CEO de Milkyway
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El auge de los creadores de contenido ha transformado el panorama digital y publicitario en España, pero también ha abierto un escenario lleno de dudas legales y fiscales.
Lo que durante años fue percibido como una actividad creativa y casi informal es hoy una realidad económica que exige cumplimiento normativo. Sin embargo, muchos influencers desconocen cuándo su actividad deja de ser un hobby para convertirse en un negocio con obligaciones ante Hacienda y la Seguridad Social.
Así lo explica Javier Echavarrí, socio director de Oficina de Maio Legal, quien advierte de que algunas colaboraciones aparentemente profesionales pueden derivar en situaciones de falso autónomo si el creador trabaja bajo instrucciones, sin autonomía real y con una retribución fija asumida por la plataforma o empresa.
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La clave está en determinar quién asume el riesgo empresarial y si existe dependencia organizativa. Cada caso debe analizarse de forma individual.
Según datos expuestos durante el debate, en España existen alrededor de 207.000 creadores de contenido, pero solo entre 10.000 y 15.000 generan ingresos recurrentes. En ese amplio segmento intermedio es donde se concentra mayor confusión.
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Muchos perfiles comienzan a recibir regalos, invitaciones o pequeñas cantidades por colaboraciones sin ser plenamente conscientes de que esos ingresos —incluso en especie— pueden estar sujetos a tributación.
El salto del entretenimiento al emprendimiento se produce de manera sutil. Basta con que una marca pague 300 euros por una publicación o regale un viaje para que surjan obligaciones fiscales: alta en el régimen correspondiente, declaración de IVA trimestral e inclusión de los ingresos en el IRPF.
La falta de barreras de entrada al sector, unido a la juventud de muchos creadores, agrava el desconocimiento normativo.
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Uno de los puntos más complejos es determinar cuándo existe habitualidad, concepto clave para la obligación de darse de alta como autónomo.
La Inspección de Trabajo no solo analiza los ingresos efectivos, sino también la vocación de habitualidad, es decir, la intención de generar actividad económica de forma continuada, aunque todavía no se perciban ingresos estables.
Desde el sector del marketing de influencia también se reconoce la existencia de una amplia zona gris, especialmente entre perfiles con comunidades pequeñas —por ejemplo, a partir de 2.000 seguidores— que ya pueden recibir contraprestaciones de marcas. En estos casos, la responsabilidad de regularizar su situación recae en el propio creador.
El consenso entre expertos es claro: cuando la actividad genera ingresos y tiene estructura de negocio, deja de ser una afición. Las nuevas profesiones digitales también son empresas a efectos legales y fiscales. Y, como cualquier actividad económica, deben cumplir con sus obligaciones tributarias.
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