La Comunidad de Madrid acumula más de un centenar de vertidos ilegales detectados solo el año pasado, y el entorno de Loeches se ha convertido en uno de los puntos negros.
Acompañamos a los agentes forestales por parajes donde la impunidad y la oscuridad amparan auténticos basureros camuflados entre encinas centenarias, con residuos que van desde tejados de uralita hasta restos de plantaciones de marihuana. El peligro, advierten, no es solo medioambiental: también es letal para la salud humana.
El primer hallazgo es de los que hielan la sangre. "Aquí la cuestión es que no es un vertido de una obra menor, sino ya ves el cúmulo que hay", explica Enrique, agente forestal, señalando una montaña de placas rotas de fibrocemento.
"Su ruptura produce unas fibras de asbesto que al inhalarlas te puede producir cáncer de pulmón". Pero el riesgo no acaba ahí: "Dejarlo aquí en el monte, si hay un incendio, esto se quema y es un peligro aumentado hacia los equipos de extinción", añade.
A pocos metros, Enrique muestra el vaciado completo de una vivienda. Entre escombros, una lámpara especial y restos de obras. "Fíjate, no es que haya mucha vegetación, pero sí hay acículas de pino. Al final puede provocar un incendio".
Más adelante, otro vertido, este aparentemente más pequeño: "Una pequeña obra de remodelación de una casa y el contratista, para ahorrarse los costes de gestión de estos residuos, acaba por tirarlos aquí en medio natural. Va generando una contaminación difusa a lo ancho del territorio".
¿Por qué el entorno de Madrid es especialmente propenso a estos vertidos? Enrique lo tiene claro: "Hay mucho más volumen de obras en Madrid. Gente que a lo mejor vive en exteriores y al terminar la jornada se deshace de los residuos en el medio natural. Hemos comprobado casos cercanos a donde ellos viven o tienen la empresa".
Uno de los hallazgos más indignantes lo protagoniza Laura, también agente forestal, ante una encina centenaria. "Ciertamente es una encina que puede tener fácil 500 años en un entorno que, además, está protegido, es un monte preservado. Y así, como quien no quiere la cosa, nos giramos y encontramos ahí un vertido", relata.
Entre los restos, sustrato agotado. "Encontramos sustrato que se usa en el cultivo de marihuana. Normalmente, cuando terminan el ciclo, todo lo que les sobra… la tierra se agota, vienen aquí y lo tiran". Y lo peor, subraya Laura, "envuelto en bolsas de plástico muy endebles, que con la lluvia y el viento se van deteriorando. Así generamos los microplásticos".
Quienes causan estos vertidos quizá no son conscientes de la gravedad de sus actos, no solo para el medioambiente, sino para la salud de todos. La lucha contra estos basureros ilegales es constante, pero la oscuridad y la floresta siguen siendo cómplices de quienes anteponen el ahorro de unos euros a la seguridad colectiva.