A las doce en punto de esta mañana ha estallado el chupinazo madrileño en la Parroquia de San Fermín de los Navarros, en el distrito de Usera. Un acto que ha teñido de rojo y blanco este templo de la capital, replicando el ambiente festivo de Pamplona y dando inicio a una jornada marcada por la tradición sanferminera.
Desde primera hora, cientos de personas se han acercado a la iglesia para hacerse con los tradicionales pañuelos rojos, uno de los elementos más demandados de la celebración. "Tenemos cientos de pañuelos, es lo que más se vende", nos explica Mery. La tradición marca que deben adquirirse antes del chupinazo, pero no colocarse hasta que el cohete anuncia oficialmente el inicio de la fiesta.
Un elemento cargado de simbolismo. "Los pañuelos evocan la forma de martirio que tuvo San Fermín, que le cortaron el cuello por amar a Jesucristo, para que recuerden también que deben servir al Señor y entregar la vida", nos explica el párroco de San Fermín de los Navarros, Don Ángel Miralles, durante la celebración.
Tras la bendición de los pañuelos, desde una de las ventanas del templo se ha lanzado el tradicional chupinazo, desatando la celebración entre los asistentes. Después, largas colas han permitido disfrutar de uno de los productos más típicos de Navarra, la chistorra, acompañada de vino para todos los presentes.
Una fiesta que, un año más, demuestra que las tradiciones sanfermineras también tienen su lugar en Madrid.