Vídeo: EVA S. CUESTA | Foto:Telemadrid
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La playa de la Virgen de la Nueva, en San Martín de Valdeiglesias, continúa mostrando las profundas cicatrices del incendio que arrasó esta zona hace tres meses. El acceso permanece prohibido, aunque un permiso especial nos ha permitido recorrer el entorno y comprobar la magnitud de los daños.

Donde antes había negocios, instalaciones deportivas y un paisaje natural lleno de vida, ahora predominan las estructuras calcinadas, los restos derretidos y el olor a quemado.

Jorge es uno de los afectados por el fuego. Su empresa, dedicada al turismo activo, ha quedado completamente destruida. El negocio ofrecía actividades de escalada y deportes náuticos, como piragua y kayak, pero hoy apenas quedan vestigios de lo que fue. "Nos queda el recuerdo del rocódromo para ver lo que una vez fue", lamenta.

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El incendio comenzó con un conato que no lograron extinguir y avanzó desde la zona de un restaurante cercano, el Wakea. Las llamas se propagaron de forma lineal hasta detenerse en la carretera situada detrás del restaurante La Ermita. La desolación sigue presente entre quienes se acercan a contemplar las consecuencias. "Hay gente que viene y por el camino rompe a llorar de desolación", nos cuenta Jorge.

La destrucción también alcanza al material deportivo que se almacenaba en las instalaciones. Lo que ahora parece un conjunto de jaulas metálicas eran las torres donde se guardaban las piraguas. En la parte inferior se encontraba el almacén de las tablas de paddle surf: 45 tablas individuales y otras cinco de mayor tamaño destinadas a la práctica del kingsurf. Todo quedó reducido a restos calcinados, en un espacio donde apenas se distingue la distribución original.

A las pérdidas materiales se suma el coste de recuperar la actividad y reconstruir las instalaciones. Tres meses después, el panorama continúa siendo desolador y los afectados siguen pendientes de poder recuperar la normalidad.

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Junto al negocio de Jorge se encuentra el restaurante La Ermita, un establecimiento familiar que representa la tercera generación para Luisa. Ella tampoco termina de asimilar lo ocurrido. La intensidad del fuego fue tal que el calor provocó que los cristales del local reventaran. "Esto era un paraíso, absolutamente", recuerda.

La zona ha llegado a contar con el distintivo de bandera azul de aguas de interior, un reconocimiento que reflejaba el valor de este enclave. Luisa recuerda la densidad de los bosques y la cantidad de recursos que ofrecía el entorno antes de que el fuego lo transformara por completo.

Ahora, el negro, el marrón y el gris dominan el paisaje. Las instalaciones están arrasadas y la vegetación y los negocios de la zona deben afrontar una larga recuperación. Pese a la magnitud de los daños, los afectados mantienen la esperanza de reconstruir sus establecimientos y volver a recibir visitantes. El objetivo es recuperar la actividad y devolver a la playa de la Virgen de la Nueva parte de la vida que perdió con el incendio.