Vídeo: EVA S. CUESTA | Foto:Telemadrid
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En un pequeño local de Chamartín, entre cables, cajas y bombillas de toda la vida, se esconde un poeta. Germán tiene 79 años y lleva medio siglo compaginando dos oficios aparentemente tan distantes como la venta de material eléctrico y la escritura de versos. Y lo hace en una tienda que, según él mismo confiesa, "no ha pasado el tiempo".

"Son seis libros los que he escrito. El último es este y es una recopilación de los primeros poemas de cuando yo tenía 18 años", explica Germán mientras señala su última publicación.

A sus 79 años, sigue al pie del cañón en su establecimiento de Chamartín, un negocio que cogió como traspaso hace más de cuatro décadas. "Yo he escrito poesía desde muy pequeño y lo de vender bombillas es porque cogí un traspaso. Mientras tanto, escribiendo", resume con la naturalidad de quien ha convivido con dos pasiones toda la vida.

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Quienes entran en su tienda no siempre buscan poesía, pero a veces la encuentran. Es el caso de Maribel, que ha acudido a comprar una bombilla y ha salido con algo más. "Así es la vida", afirma Maribel sonriente mientras muestra el libro que ha adquirido.

Y es que Germán, entre bombilla y bombilla, ha logrado vender un total de 874 ejemplares de sus obras. "Es que los poetas buenos vendemos libros", bromea con una mezcla de orgullo y humildad.

Sus clientes, muchos de ellos fieles al barrio de toda la vida, dan fe de su doble faceta. "Lleva toda la vida este señor, del barrio de siempre", declara una clienta. Otra vecina confirma: "Yo he venido aquí a comprar muchas bombillas, leds y demás". Pero lo que quizá no saben todos es que detrás del mostrador hay un poeta que escribe un poema al día.

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"Aquí poca cosa porque no tenemos ni ordenador. Esto es una tienda muy pequeña, de toda la vida y de antes de toda la vida. Yo ahora tengo 79 años y aquí cuando llegué tenía 35 o 36, no sé. Aquí no ha pasado el tiempo, está exactamente igual que estaba hace treinta y tantos años", relata Germán con una sonrisa que atraviesa las décadas.

Y mientras sigue atendiendo a sus vecinos, Germán no tiene pensado dejar de escribir. Su inspiración, confiesa, tiene nombre propio. "Yo todos los días un poema. Mi mujer, encantada de la vida de que escriba. Casi todos están dedicados a ella. El amor es una cosa que no se puede comprar con dinero", concluye el poeta de las bombillas, que sigue iluminando Chamartín con luz y con versos.