El okupa de Getafe rechaza el acuerdo y deja a Arsenio, de 84 años, sin su casa
Los vecinos del barrio se están volcando con el caso
La paciencia tiene un límite, y en el barrio de Getafe donde vive Arsenio, un vecino de 84 años, se desbordó este lunes. Los vecinos se echaron a la calle para apoyar al anciano, atrapado en una pesadilla desde que su inquilino, ahora okupa, dejó de pagarle el alquiler, acumuló una deuda de cerca de 7.000 euros y, para colmo, le amenazó de muerte.
La presión vecinal dio sus frutos. Yosef, el inquilino, accedió el mismo lunes a firmar un acuerdo con una empresa mediadora para abandonar la vivienda. Las cámaras de Madrid Directo captaron el momento del compromiso y todo apuntaba a un final pacífico del conflicto.
Este miércoles, con el acuerdo bajo el brazo, el equipo de mediación, liderado por Luis, ha vuelto a la casa de Arsenio con la esperanza de cerrar el caso. "Nosotros llevamos trabajando e intentando negociar con él desde julio del año pasado. Esperamos que ahora sí sea verdad", declaraba Luis.
Pero al llegar al portal, la realidad ha vuelto a torcerse. Yosef no ha abierto la puerta. Desde el otro lado, se ha comunicado por teléfono con los mediadores para poner una nueva condición: quería negociar, pero con otra empresa diferente. Una maniobra que, para los presentes, solo busca ganar tiempo y dilatar los plazos.
"Nosotros, deja que vengan los guardias y que se lo echan como siempre, como los perros". Fue el propio Yosef quien, en un giro inesperado, llamó a la policía, asegurando que solo así accedería a abrir la puerta para leer el documento.
Agentes de la Policía Nacional han acudido al lugar. Luis, el mediador, les explicó la situación: "Al final lo que queremos es evitar el problema. Que en un mes no le va a tocar la puerta a nadie, que se busque la vida en un mes y el propietario le perdona la deuda. Yo creo que es un acuerdo lo suficientemente razonable".
Los agentes entraron en el domicilio con los documentos y solicitaron la presencia de un negociador. Lo que parecía una gestión rápida se ha convertido en un tira y afloja de más de cinco horas.
Finalmente, Yosef se ha negado a firmar el documento y a salir del piso. La paciencia de Arsenio y de todo un barrio ha vuelto a chocar contra un muro de silencio. El anciano de 84 años sigue sin ver el final de su calvario, mientras su inquilino permanece en la casa, desafiando a la justicia y a la presión popular.
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