Cierra el negocio de 'las merluzas voladoras' tras casi 100 años de vida en Lavapiés
Fernando, de 64 años, echa el cierre en abril tras más de medio siglo entre hielo y escamas
Casi un siglo después de abrir sus puertas, la mítica pescadería de 'las merluzas voladoras' de Lavapiés baja la persiana para siempre. Con 64 años y toda una vida entre hielo y escamas, Fernando dirá adiós a su negocio el próximo mes de abril, poniendo fin a una historia familiar que comenzó antes de la Guerra Civil.
"Aquí estamos, al pie del cañón. 54 años aquí en la pescadería, toda mi vida". Fernando repasa sus décadas de mostrador con una mezcla de nostalgia y gratitud. Una vida que describe como "muy bonita y llena de sorpresas, de buenos momentos, de malos momentos…". Después de más de 50 años, la decisión está tomada: "Cierro. Ha llegado mi hora. Me da un poco de pena, pero la vida es así".
La historia de Pescados Alofer se remonta a varias generaciones atrás. "Esta pescadería se abrió antes de la guerra. En mil novecientos treinta y algo la compró el hermano de mi abuela que estaba aquí trabajando de dependiente", explica Fernando. Desde entonces, el negocio "ha ido pasando de familia en familia hasta ahora que se acabó la dinastía. No hay relevo generacional, ya yo he sido el último y esto se termina".
La noticia del cierre ha causado consternación entre la clientela habitual. "Me parece fatal que se vaya. Llevo viniendo aquí 18 años", lamenta una clienta mientras hace cola en el mostrador. Otra, sin embargo, muestra comprensión: "No me da pena porque ha trabajado mucho. Se lo merece".
Pero quizás la historia no termine del todo aquí. Uno de sus trabajadores, que ha estado mano a mano con Fernando durante 18 años, tiene intención de recoger el testigo: "Hemos trabajado mucho aquí con él y sí, da mucha pena que se vaya. Ahora voy a continuar nuevamente con esto a ver si somos capaces y podemos. Vamos a intentarlo. Lo importante es buscar el local que es lo que más nos falta. No queremos dejar a la clientela sin pescado".
Fernando rememora sus inicios con emoción contenida: "Siento mucha nostalgia y muchas horas de mi vida aquí. Empecé a trabajar porque iba aquí al colegio y era un poquito mal estudiante. Me echaron del colegio y dijo mi padre, pues a la pescadería, y hasta ahora desde los 12 años".
Una vida entera dedicada al mostrador que le ha dejado las mayores satisfacciones: "Ha sido una vida muy bonita: la satisfacción de atender a los clientes, de que vayan contentos, de que vuelvan… pues te llega al corazón. Lo echaré mucho de menos. Si hoy en día tengo algo y soy algo es gracias a esta pescadería y mi trabajo".
Con la voz entrecortada, Fernando confiesa sus sentimientos: "Me emociono mucho. Ha sido el amor de mi vida, hemos estado muy unidos toda la vida, desde jovencito hasta ahora que ha llegado la hora de decir adiós".
Lavapiés pierde, por ahora, a sus pescados voladores, pero no olvidará a quienes les dieron alas durante casi un siglo de historia.
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