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Los indicadores económicos reflejan una paradoja cada vez más evidente en los hogares españoles: los salarios han crecido de forma significativa en términos nominales durante las últimas tres décadas, pero ese incremento no se traduce en una mejora real del bienestar. La percepción de pérdida de poder adquisitivo se consolida como una tendencia estructural.

Según los datos que publica EL Debate, los salarios nominales han aumentado un 108,74% en los últimos 30 años. Sin embargo, al aplicar variables clave como la inflación y la presión fiscal, el crecimiento real se reduce drásticamente. En términos netos, el salario apenas habría subido un 2,7%, y si se incorporan los efectos impositivos, el resultado es una caída del poder adquisitivo del 18,57%.

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Este desfase explica por qué muchos trabajadores perciben que, pese a ingresar más dinero, su capacidad de consumo es menor. El encarecimiento del coste de vida, especialmente en bienes básicos como la alimentación o la vivienda, ha erosionado la economía doméstica, obligando a ajustar gastos y renunciar a hábitos de consumo que antes eran asumibles.

En paralelo, la carga fiscal se posiciona como un factor determinante. Para un salario medio de 32.678 euros anuales, la presión fiscal en España alcanza el 41,4%, situándose 6,4 puntos por encima de la media de la OCDE. Este diferencial impacta directamente en la renta disponible de los ciudadanos.

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En clave de análisis, los expertos apuntan a la necesidad de revisar el equilibrio entre salarios, fiscalidad e inflación para garantizar la sostenibilidad del poder adquisitivo. De lo contrario, advierten, la brecha entre ingresos y capacidad real de consumo podría seguir ampliándose en el medio y largo plazo.