En el Imperio Romano y en el Antiguo Egipto a los trabajadores se les pagaba con sal. Eso se debía a que no existía otra forma de mantener los alimentos que con la sal. Esos granitos blancos se les llamaba "oro blanco" por la cantidad de valor que tenía.
La sal era tan importante que los romanos construyeron una calzada que conectaba las salinas de Ostia, cerca de la desembocadura del río Tíber, con Roma.