Un suspiro y un gesto de contrariedad. Un Diego Pablo Simeone abatido tras confesar pocos minutos antes que no se sentía con fuerzas para seguir intentándolo un año más.
Una reflexión que nos recuerda a la que expresó en Milán hace diez años tras perder la final de la Liga de Campeones. Pensó y se quedó para hacer más grande al Atlético de Madrid.
Tras el partido contra el Arsenal, Simeone era la viva imagen de la desilusión. Vivió con entusiasmo un partido en el que su equipo compitió hasta el final.
Acepta y pide respeto. Dentro del campo, como en el enfrentamiento que tuvo con Andrea Berta, el que fuera su director deportivo.
Y fuera. Abanderando el espírtitu ganador de su equipo.