Las primeras cuatro detonaciones paralizan a público y jugadores, luego se escuchan seis disparos más en rápida sucesión. El pánico se desata en el recinto. Robert Durgan, también conocido como Roberta Espósito, dispara a varios miembros de su propia familia.
El balance provisional es de tres fallecidos y dos heridos en estado crítico. Podría haber sido aún peor si un espectador no hubiera intervenido: arriesgando su vida, se lanza sobre el tirador e intenta inmovilizarlo, antes de que Durgan consiga suicidarse.
Una combinación de armas de fuego, rencillas familiares y problemas de salud mental acaba en tragedia. Y vuelve el eterno debate sobre la seguridad en los espacios públicos estadounidenses.