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Mientras la figura de San Isidro ocupa un lugar central en la tradición madrileña, su esposa, Santa María de la Cabeza, también conocida como María Toribia, representa uno de los referentes más singulares de santidad familiar en la historia religiosa de Madrid.

Sobre su origen existen discrepancias históricas: algunas fuentes sitúan su nacimiento en Cobeña y otras en Torrelaguna, ambas localidades vinculadas al entorno rural del antiguo Madrid.

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Su historia resulta especialmente llamativa en el contexto de la época, donde la santidad solía asociarse a monjes, religiosos o miembros de la realeza. En cambio, María Toribia y San Isidro encarnaron un modelo distinto, basado en la vida matrimonial, la disciplina hogareña y la ayuda a los pobres, lo que con el tiempo consolidó su imagen como un ejemplo de familia cristiana antes de que este concepto fuera habitual en la Iglesia.

Según la tradición, ambos se conocieron en Torrelaguna y compartieron desde el inicio una misma vocación espiritual y solidaria, cimentada en la caridad y la fe. Incluso algunas leyendas apuntan a que, tras tener un hijo, decidieron llevar una vida de mayor recogimiento espiritual de mutuo acuerdo, en línea con la mentalidad medieval que vinculaba la santidad con la austeridad y la renuncia.

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Uno de los elementos que más contribuyó a la fama popular de Santa María de la Cabeza fue el milagro atribuido a su figura al cruzar el río Jarama caminando sobre sus aguas.

Su nombre, además, tiene un origen directamente ligado al culto a sus reliquias. Tras su fallecimiento en olor de santidad, comenzó la veneración de sus restos y la reliquia principal que se conservó fue su cráneo, motivo por el que pasó a ser conocida como Santa María de la Cabeza.