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Miguel Gila, uno de los grandes referentes del humor español del siglo XX, no solo destacó por su inconfundible estilo cómico, sino también por una personalidad profundamente reflexiva que encontraba en el humor una forma de transmitir ideas y sobrevivir a la adversidad.

Nacido en 1919 en el antiguo Chamartín de la Rosa, hoy integrado en los distritos de Chamartín y Tetuán, su vida estuvo marcada por las dificultades desde la infancia, que transcurrió en una buhardilla en Chamberí en un contexto social desfavorecido.

Madrid recuerda a Gila con una placa en Chamberí, donde pasó su infancia

Su biografía estuvo atravesada por episodios especialmente duros, como su paso por la Guerra Civil y un fusilamiento frustrado que él mismo convirtió en material humorístico. Lejos de victimizarse, llegó a bromear con que “le fusilaron mal”, demostrando una capacidad singular para distanciarse de su propia tragedia y transformarla en relato cómico.

Además de humorista, Gila fue dibujante y escritor, con manuscritos y reflexiones de gran profundidad intelectual que evidencian que su vocación iba más allá de la comedia.

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Gila utilizó el absurdo, el humor negro y la crítica social para sortear las limitaciones de su época, dejando frases que han pasado a la memoria colectiva, desde sus célebres diálogos telefónicos hasta sus reflexiones sobre su propio nacimiento