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Bajo el centro de Madrid existe una extensa red de túneles y pasadizos históricos que durante siglos sirvieron como vías de comunicación discretas entre edificios clave de la ciudad. Algunos de ellos fueron utilizados por los reyes para desplazarse sin ser vistos, especialmente durante el reinado de Felipe IV, conocido por su intensa vida cortesana.

Aunque hoy el terreno está atravesado por infraestructuras modernas como el metro, ya en los siglos pasados existían numerosos pasadizos que conectaban palacios, conventos y otros puntos estratégicos de la ciudad.

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Uno de los recorridos más conocidos conectaba el Alcázar con el Monasterio de la Encarnación, un trayecto que permitía al rey acudir a misa sin tener que atravesar las calles y exponerse al contacto directo con la multitud.

También existían conexiones subterráneas que llegaban hasta otros edificios del Madrid de la época, como el antiguo convento de Santa Ana, donde hoy se encuentra el Teatro Español, en pleno barrio de las Letras.

Esta red permitía recorrer buena parte del centro sin salir a la superficie, algo especialmente útil para la seguridad del monarca y para mantener cierta privacidad en los desplazamientos reales.

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La tradición popular ha asociado estos túneles con la vida personal de Felipe IV, un rey conocido por su fama de mujeriego. Algunas historias apuntan a que utilizaba estos pasadizos para encuentros discretos, lejos de la mirada pública.

Uno de los episodios más comentados está relacionado con el convento de San Plácido, donde el monarca habría protagonizado diversos escarceos amorosos. También se recuerda su relación con La Calderona, una famosa actriz de la época con la que tuvo un hijo, el futuro don Juan José de Austria.