Vídeo: REDACCIÓN / AGENCIAS | Foto:Telemadrid
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El inicio del curso escolar se acerca y, con él, uno de los rituales más reconocibles para miles de familias: la compra del uniforme escolar. Para muchos niños, estrenar estas prendas marca el comienzo de una nueva etapa, mientras que para los padres, supone una inversión importante en el presupuesto familiar.

Según la OCU, las familias destinan alrededor de 500 euros al arranque del curso, y solo el uniforme representa una media de 244 euros.

En Leganés, una empresa familiar fundada hace casi medio siglo trabaja a contrarreloj para que todo esté listo antes de septiembre. De sus talleres salen cada año más de 400.000 uniformes escolares, prendas que acompañarán a los pequeños en su día a día.

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En Mc Yadra, la fabricación de un uniforme comienza con una conversación. El director de marketing, Jaime Ledesma, explica que todo arranca con el diseño.

"La primera fase es el diseño, para lo cual nos juntamos con el cliente y él nos dice sus gustos, necesidades, qué es lo que quiere, si un uniforme más clásico o uno más moderno y actual"

A partir de esa reunión, "se hacen varias propuestas y de ahí sale el diseño final que se va a fabricar". Es un proceso creativo que combina tradición y adaptación. Cada colegio tiene su identidad, su historia y su forma de entender la educación, y el uniforme debe reflejarlo.

Una vez aprobado el diseño, comienza la fase técnica. "El siguiente proceso sería el patronaje. El patronaje consiste en hacer las piezas que compone una prenda", explica Ledesma. Cada prenda, pantalones, faldas, polos o chaquetas, requiere precisión, experiencia y un conocimiento profundo del oficio.

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Mientras en los talleres se ultiman los uniformes, en las casas se vive otra cuenta atrás. Los niños empiezan a hablar de sus nuevos profesores, de reencontrarse con amigos y de los nervios del primer día.

Para los padres, la compra del uniforme es parte de una lista que parece no terminar: libros, mochilas, material escolar, actividades extraescolares... El gasto es considerable, pero nada se compara con la ilusión de ver a los pequeños comenzar un nuevo año.