Mazos, hachas, explosivos... los robos a museos europeos ya no son de guante blanco

  • Los delincuentes son ahora más violentos 
  • Ya no se trata de un ladrón especializado que estudia el edificio, actúa discretamente y trata de evitar cualquier enfrentamiento
Fachada del Museo del Louvre por la que entraron los ladrones de joyas en el reciente robo al Louvre de 2025
Fachada del Museo del Louvre por la que entraron los ladrones de joyas |TELEMADRID

Mazos, hachas, explosivos y hasta armas de fuego forman parte de las nuevas tácticas detectadas en los robos a museos europeos.

Así aparece en el informe que ha publicado este lunes la Agencia de la Unión Europea para la Cooperación Policial (EUROPOL) que señala una nueva tendencia y un giro de 180 grados en los últimos robos a grandes museos europeos, que se alejan tanto de la estrategias como de los objetivos que hasta ahora eran habituales.

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Según el informo han aparecido, en los últimos tiempos, delincuentes menos especializados y más violentos que buscan oro, joyas, piedras preciosas y antigüedades por su valor y facilidad para colocarlas en el mercado ilegal.

La agencia de coordinación policial europea advierte en un nuevo informe publicado este lunes de un cambio de tendencia respecto a lo que hasta ahora eran los atracos a los museos, tradicionalmente una práctica no violenta de delincuencia organizada.

“Los robos en museos son cada vez más agresivos"

Frente al ladrón especializado que estudia el edificio, actúa discretamente y trata de evitar cualquier enfrentamiento, las investigaciones recientes muestran ladrones que revientan puertas y vitrinas con mazos, hachas y palancas, recurren en ocasiones a explosivos y pueden utilizar armas de fuego para intimidar a vigilantes y visitantes.

“Los robos en museos son cada vez más agresivos, con un giro hacia métodos violentos y basados en el uso de la fuerza”, señala Europol entre las principales conclusiones del informe, que considera que esta evolución “puede indicar la implicación de nuevas redes criminales”.

Por toda Europa

Un ejemplo de esta tendencia es un robo de enero de 2025 en el Museo Drents de Assen, en el norte de Países Bajos, donde los ladrones hicieron explotar una puerta de madrugada para llevarse varias piezas arqueológicas el antiguo reino de Dacia, prestadas por Rumanía, entre ellas el casco de oro de Cotofenesti, de unos 2.500 años de antigüedad, y tres brazaletes de oro.

EL casco y dos de los tres brazaletes fueron recuperados y devueltos a Rumanía, un desenlace poco habitual para objetos que, cuando están fabricados con metales preciosos, pueden ser destruidos precisamente para borrar su procedencia.

Las alarmas y vídeos del Museo del Louvre funcionaron pero no detectaron la llegada de los ladrones
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Las alarmas y vídeos del Museo del Louvre funcionaron pero no detectaron la llegada de los ladrones

Europol cita también el asalto de 2024 al Museo Cognacq-Jay de París, donde cuatro encapuchados armados con bates de béisbol y hachas irrumpieron en el edificio y huyeron en motocicletas con siete objetos decorados con oro y diamantes.

Otro de los casos analizados es el robo perpetrado en octubre de 2025 en el Louvre: los ladrones rompieron una ventana, amenazaron a guardias y visitantes, destrozaron vitrinas de la Galería de Apolo y sustrajeron joyas valoradas en unos 88 millones de euros.

“Todos los casos relacionados comunicados hasta ahora muestran robos dirigidos y una preparación deliberada, incluido el reconocimiento previo y la planificación”, explica la agencia.

Oro en lugar de cuadros

Durante los últimos dos años Europol ha observado un interés recurrente por metales y piedras preciosas: pepitas y monedas de oro, objetos ornamentales y joyas, entre otros.

El oro y la plata pueden fundirse y perder con ello los elementos que permiten a la Policía identificar su origen, lo que facilita su introducción en circuitos ilegales, mientras que las piedras preciosas pueden separarse de las joyas y venderse individualmente.

Además, para los delincuentes, estos objetos pueden resultar visibles y accesibles en un museo, cuya seguridad se percibe como menos estricta que la de una joyería. Europol identifica además un objetivo muy diferente: las antigüedades chinas.

El Louvre reabre al público con restricciones tras el robo de joyas
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Entre las piezas buscadas aparecen platos de porcelana de los siglos XII y XIII, recipientes de la dinastía Ming y jarrones de bronce esmaltado de las dinastías Ming y Qing.

La agencia relaciona esta tendencia con la fuerte demanda existente en el mercado del arte y con las posibilidades de reventa de estas piezas, lo que apunta a que detrás de determinados robos puede existir ya un comprador o un mercado criminal interesado en categorías muy concretas.

Ladrones con antecedentes

El tráfico de bienes culturales ha estado tradicionalmente asociado a grupos estructurados, organizados alrededor de un líder y con delincuentes especializados que recurren al engaño, el conocimiento del mercado y la discreción antes que a la violencia.

Pero Europol observa ahora indicios de un modelo diferente: personas con antecedentes en otros ámbitos criminales que llevan a cabo de manera puntual un robo y que, en algunos casos, habrían sido reclutadas en redes sociales y aplicaciones de mensajería.

Atraco en el Louvre, sin heridos: los ladrones se llevan joyas de valor incalculable
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La agencia admite que todavía existe “una laguna de inteligencia” que impide determinar con certeza hasta dónde llega este fenómeno, pero plantea dos hipótesis:

  • Una es que los ejecutores de menor nivel sean reclutados de forma aleatoria bajo el modelo denominado “crimen como servicio”, en el que determinadas tareas de una operación se encargan a terceros.
  • La otra es que delincuentes procedentes de mercados ilegales diferentes hayan descubierto en los museos una oportunidad que consideran de “bajo riesgo y alto beneficio”.