De esta ola de calor no se libra casi nadie. Y los franceses tampoco. Al otro lado de los Pirineos las temperaturas superan los 40 grados en algunos departamentos de la república. Las imágenes de cientos de parisinos bañándose en un recuperado río Sena han dado la vuelta al mundo.
Pero además del baño en el río, para mitigar los efectos del calor muchos están recurriendo al aire acondicionado, algo de lo que disponen en los centros comerciales y en algunos domicilios.
Fue a partir de 2003 con la mortífera ola de calor que se cobró la vida de más de 14.000 franceses, según algunos cálculos, cuando el país aumentó la instalación de equipos de climatización domésticos.
Este año ya se han registrado 18 muertes relacionadas con el calor y el aire acondicionado se ha convertido en alivio y cuestión de debate político.
La Francia Insumisa (LFI) de Jean-Luc Mélenchon considera que la climatización consume grandes cantidades de energía y expulsa calor al espacio público, lo que provoca un mayor calentamiento de las calles de las ciudades, recoge la agencia EFE.
Los pro-aire acondicionado, por su parte, se sitúan en el otro extremo del tablero político, representados por la Agrupación Nacional (RN) de la ultraderechista Marine Le Pen.
Unos y otros proponen medidas para mitigar los efectos de las olas de calor en el contexto del calentamiento del planeta. Desde sistemas públicos de enfriamiento, algo ya conocido y puesto en marcha en algunos edificios, hasta la instalación de 20 millones de aparatos de aire acondicionado. Solo el 5% de los centros escolares franceses están climatizados.
El gobierno de Emmanuel Macron hace equilibrios. "El debate no es estar a favor o en contra. Sería absurdo oponerse al aire acondicionado por principio y dogmatismo, pero no puede ser el alfa y el omega de la adaptación al cambio climático".
Como muestra de la Francia de los ventiladores versus la del aire acondicionado, el diputado ultraderechista Matthias Renault citó un sondeo con el que buscaba denunciar "el dogmatismo" de la izquierda. "La mitad de los franceses se sienten culpables por poner el aire acondicionado", lamentó este martes, en una entrevista.