Con el calor sofocante que está marcando el inicio del verano, el abanico vuelve a ser un objeto imprescindible en el día a día de muchos ciudadanos.
Comercios y fabricantes aseguran que sus ventas se han triplicado en las últimas semanas, impulsadas por las altas temperaturas que están llevando a miles de personas a buscar formas sencillas y eficaces de refrescarse.
Lo que durante años fue considerado un complemento asociado sobre todo a las personas mayores, hoy vive una nueva edad de oro. Cada vez es más habitual ver a jóvenes utilizando abanicos en la calle, en el transporte público, en conciertos o durante largas esperas al aire libre.
Su ligereza, su comodidad y la ausencia de baterías o consumo energético han contribuido a recuperar su popularidad.
Además de su utilidad, el abanico mantiene un fuerte componente cultural y estético. Los diseños tradicionales conviven con modelos modernos y coloridos que han convertido este accesorio en un elemento también ligado a la moda.
Muchos establecimientos destacan que ya no se compra únicamente para combatir el calor, sino también como complemento personal.
En plena era de los sistemas de climatización, los ventiladores portátiles y la tecnología, la tradición de abanicarse sigue más viva que nunca. Un gesto centenario que demuestra que, frente a las olas de calor, las soluciones más simples continúan siendo algunas de las más eficaces.