Con un análisis de sangre se podría medir la eficacia de la terapia psicológica contra la depresión
Investigadores españoles descubren biomarcadores que podrían servir para medir la respuesta de los pacientes
La investigación abre la puerta a una futura psiquiatría de precisión en la que los médicos podrían elegir el tratamiento psicológico más adecuado para cada persona
Un equipo de investigadores del Instituto de Investigaciones Biomédicas de Barcelona (IIBB-CSIC) y del Institut de Recerca Sant Pau ha identificado, en un estudio prelimina, una serie de biomarcadores en sangre que podrían servir para medir la respuesta de los pacientes con depresión a las terapias psicológicas. Los resultados se han obtenidos tras analizar a 22 personas con trastorno depresivo mayor y apuntan a que estas intervenciones producen cambios biológicos detectables en el organismo.
La investigación demuestra que distintas terapias psicológicas provocan modificaciones en unas pequeñas moléculas presentes en la sangre, conocidas como microARN, que regulan la actividad de los genes. Según los investigadores, estos cambios podrían convertirse en una herramienta para evaluar de forma objetiva si un tratamiento psicológico está funcionando, de la misma manera que se utilizan análisis para seguir la evolución de otras enfermedades.
Durante doce semanas, los participantes recibieron una sesión semanal de una de dos terapias: remediación cognitiva, orientada a mejorar capacidades como la memoria y la atención, o psicoeducación, que ayuda a comprender mejor la enfermedad y a desarrollar estrategias para afrontarla. Antes y después del tratamiento, los investigadores analizaron muestras de sangre para detectar posibles cambios moleculares.
Los resultados mostraron que cada terapia deja una 'firma' biológica diferente. En el caso de la remediación cognitiva, los cambios observados se asociaron con mejoras objetivas en funciones como la memoria y la atención. La psicoeducación produjo alteraciones relacionadas con mecanismos que ayudan al organismo a responder mejor al estrés, aunque sin una mejora cognitiva tan evidente.
Los investigadores consideran que este hallazgo refuerza la idea de que las terapias psicológicas, además de tener efectos sobre la salud mental, influyen también en procesos biológicos que pueden medirse mediante un análisis de sangre. Aunque todavía es pronto para saber si estos cambios moleculares son la causa de la mejoría clínica o una consecuencia de ella.
Los resultados deberán confirmarse en estudios con un mayor número de pacientes antes de llegar a la práctica clínica, pero la investigación abre la puerta a una futura psiquiatría de precisión en la que los médicos podrían elegir el tratamiento psicológico más adecuado para cada persona en función de su perfil biológico, avanzando hacia terapias más personalizadas y eficaces.
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