Vecinos de Madrid desafían la ola de calor para regar el bosque que han creado
En Latina y Carabanchel, este miércoles, con temperaturas que alcanzaron los 40 grados
Durante el verano acuden varias veces con cisterna o garrafas para evitar que se sequen los árboles
Vecinos de Campamento (Latina) riegan los árboles que han plantado en el Entorno Meaques Retamares |ENTORNO MEAQUES RETAMARES
REDACCIÓN
Regar a las 4 de la tarde con la ola de calor actual no parece buena idea, pero cuando no hay más remedio que plegarse al horario que pone la cisterna de agua, uno se protege lo mejor que puede y acude.
Vecinos y vecinas de Campamento (Latina) acuden periódicamente a lo que se conoce como Entorno Meaques Retamares. Durante el otoño aquí plantan, siembran, reponen marras, protegen los arbolillos que crecen y se organizan actividades con colegios, universidades madrileñas y extranjeras y con colectivos interesados en este espacio natural.
En otoño y primavera no hay problema para contar con voluntarios, pero en verano, entre las ocupaciones de cada uno y las altas temperaturas, hay que organizarse muy bien y contar con los suficientes efectivos para ir relevándose con la manguera y los cubos de árbol en árbol. Y son muchos, muchísimos árboles. Cientos de ellos solo en el tramo regado este miércoles.
La Asociación Entorno Meaques Retamares contrata mensualmente, cuando los fondos lo permiten, una cuba de unos 14.000 litros para regar todo lo que han plantado a lo largo de más de una década. Unos 10.000 ejemplares de decenas de especies autóctonas repartidos en una extensión de más de 700 hectáreas, entre los términos de Madrid y Pozuelo de Alarcón, en un antiguo campo de maniobras militares de Campamento que se ha convertido, dicen, en el Cabañeros de Madrid.
Surcado por los arroyos Valchico y Meaques, secos ahora, tiene este espacio su propia joya natural en la Laguna de Valchico, refugio de fauna, y próximo a su orilla atraviesa el tramo del Arco Verde de la Comunidad que conecta el centro con el sur de la región.
El arbolado situado a ambos lados del Arco Verde lo mantiene la propia Comunidad de Madrid, pero el resto de los ejemplares más dispersos son cosa de la gente del Entorno.
Y no solo se trata de echarle agua a los árboles, porque antes de la cuadrilla de riego va la encargada de rehacer, azada en mano, los alcorques para aprovechar mejor el riego y que no se pierda ni una gota. Donde no llega la manguera, por la distancia o lo abrupto del terreno, llegan los cubos en un ir y venir de personas que con estos calores acusan el esfuerzo.
En cada árbol plantado, regado y cuidado hay una esperanza de que crezca, de que de sombra y hasta fruto. Eso si la Operación Campamento no se lleva por delante las encinas, quejigos, pinos, fresnos, jaras y espinos plantados en estos años. Ese es el temor de muchos de los que participan en la asociación.
Riegos en un camino con mucha historia
A unos 3 kilómetros de este espacio natural de Campamento, en el distrito de Carabanchel, otro grupo de personas hacía lo mismo este miércoles. Estos sin camión cisterna. A base de garrafas de agua, pero con el mismo fin: asegurar que los árboles plantados en la Vereda de Aluche prosperen.
En este caso pueden regar con la última luz del día, con menos calor. Pero las idas y venidas con las garrafas de 3 y hasta 20 litros suponen recorrer al final varios kilómetros y sudar los suyo. Y aquí son cuatro personas las que riegan.
Varias personas riegan los árboles próximos a la Ermita de Santa María La Antigua, en Carabanchel |JUAN GARCÍA VICENTE
Como la garrafa da de sí lo que da, a la Vereda de Aluche van más a menudo a regar. Hasta tres veces por semana. La cosa, aseguran, es renaturalizar lo que fue o es el primitivo camino de Boadilla, una vía pecuaria que ahora es usada por vecinos de Latina y Carabanchel para transitar de uno a otro distrito.
Desgraciadamente, la falta de protección y vigilancia, a pesar de estar junto a uno de los monumentos más importantes de la capital, la Ermita de Santa María la Antigua. La presencia de este templo mudéjar al que acudía San Isidro, no evita que algunos desaprensivos realicen en sus cercanías vertidos de escombros y otras basuras o incluso arranquen los árboles plantados por estos carabancheleros.