Una pediatra de la Comunidad de Madrid ha conseguido que la Justicia reconozca su incapacidad permanente absoluta para cualquier profesión u oficio después de que el covid persistente agravara las patologías que ya padecía.
La resolución judicial, dictada por la magistrada Beatriz Prestel, estima la demanda presentada por la profesional, representada por el despacho Parrado Asesores, y eleva el grado de incapacidad que tenía reconocido hasta ahora.
La afectada contaba previamente con una incapacidad permanente total para ejercer su profesión habitual como pediatra. Su cuadro clínico incluía neuropatía, síndromes de taquicardia y alteraciones posturales, además de problemas que afectaban a las funciones urinarias, cardiacas, neurológicas y digestivas, así como episodios de estrés.
Tras sufrir covid persistente, su estado de salud empeoró y aparecieron nuevas limitaciones funcionales. Según los informes médicos incorporados al procedimiento, tenía dificultades para mantener un contacto habitual con otras personas, realizar actividades que exigieran atención y concentración o caminar durante periodos prolongados.
Estas limitaciones resultaban especialmente incompatibles con el trabajo sanitario, que exige un contacto constante con pacientes, pero la sentencia considera que también impedían desarrollar otros empleos, incluidos aquellos de carácter sedentario.
Una incapacidad que afecta a cualquier profesión
La magistrada recuerda que para reconocer una incapacidad permanente las patologías deben tener un carácter previsiblemente definitivo. No es necesario, sin embargo, que exista una certeza absoluta sobre su irreversibilidad, sino una previsión seria de que las limitaciones no van a desaparecer.
La resolución señala además que las secuelas deben tener una gravedad suficiente como para reducir o anular la capacidad laboral. Para determinarlo, no basta con analizar las enfermedades diagnosticadas, sino que es necesario valorar cómo afectan realmente a las capacidades de la persona.
Las dificultades también afectan a la vida diaria
En el caso de esta pediatra, el tribunal considera acreditado que la evolución de su cuadro clínico no permitía esperar una mejoría suficiente para recuperar su capacidad laboral.
Las limitaciones, según recoge la sentencia, no se circunscribían a trabajos que requirieran un elevado esfuerzo intelectual. También alcanzaban determinadas actividades de la vida cotidiana, lo que reforzó la conclusión de que no podía desempeñar ninguna actividad profesional con normalidad.
La abogada Cristina Alonso, del despacho Parrado Asesores Abogados, que ha defendido a la profesional, ha señalado que el procedimiento permitió acreditar que sus dolencias eran lo suficientemente graves y permanentes como para justificar el reconocimiento de una incapacidad absoluta.
La letrada ha destacado que la evolución del cuadro pluripatológico quedó documentada durante el proceso y que tanto las propias patologías como su evolución habían provocado unas limitaciones incompatibles con el trabajo.
De esta forma, la sentencia eleva la incapacidad permanente total que tenía reconocida inicialmente a una incapacidad permanente absoluta, al considerar que sus limitaciones funcionales no le permiten ejercer no solo como pediatra, sino tampoco cualquier otra profesión u oficio.