Antes de que una película llegue a la pantalla, hay un pequeño ritual: sacar las bobinas, unir los rollos, colocarlos en el proyector y comprobar que el celuloide pasa correctamente por cada engranaje. Primero se escucha la máquina; después gira la bobina y la luz atraviesa la película hasta llenar la pantalla. Durante unos instantes, el cine de verano de Fescinal parece viajar varias décadas atrás.
Es una forma de ver cine que el festival del parque de La Bombilla mantiene viva las noches de verano de cada temporada, cuando vuelve a poner en marcha su proyector de 35 milímetros y deja que las películas regresen a la pantalla como lo hacían antes de que las cabinas se llenaran de archivos digitales.
"Me hace ilusión volver otra vez a montar la película, ponerla y hacer todo este trabajo", cuenta a EFE David Lluesma, gerente de Fescinal, que lleva 35 años trabajando en el cine de verano y comenzó precisamente como proyeccionista.
Cuando empezó, la figura del proyeccionista todavía tenía algo de artesano: las películas llegaban divididas en varias bobinas que había que unir con una empalmadora, montar en un rollo y hacer pasar manualmente por las distintas partes de la máquina. Una película podía pesar 35 o 40 kilos y ponerla en marcha no consistía precisamente en pulsar un botón.
El oficio exigía preparar la película, vigilar la proyección y estar pendiente de que el celuloide siguiera avanzando correctamente. El proyeccionista tenía que conocer cada parte de la máquina y saber reaccionar ante cualquier problema. Un trabajo manual que hoy sobrevive de manera puntual en Fescinal.
Encontrar las películas, sin embargo, no siempre es sencillo. Fescinal cuenta con su propia colección y Lluesma también recurre a sus contactos con coleccionistas para localizar copias de títulos emblemáticos. "Hay algunas que nos encantaría ponerlas, como 'El Golpe', pero que son muy viejas y es mucho más difícil encontrar una copia", explica.
Este año, sin embargo, 'E.T. El extraterrestre' y 'Cinema Paradiso' sí han conseguido volver a la bobina. La primera se proyectará el 22 de agosto y la segunda, el 27, ambas en 35 milímetros.
La diferencia no está necesariamente en que la imagen sea peor. De hecho, explica Lluesma, el cine digital profesional reproduce de otra manera la misma lógica de sucesión de imágenes que existía en el celuloide, lo que cambia es que la película física se desgasta con cada pase.
Una pequeña raya, un salto o una imperfección pueden aparecer en la pantalla y, lejos de estropear la experiencia, recuerdan al espectador que está viendo una copia que ha recorrido otras salas antes de llegar allí. Son pequeñas huellas del tiempo que forman parte de la experiencia de ver una película proyectada en celuloide.
Cuando la propia máquina es parte de la película
El año pasado, durante la proyección de Cinema Paradiso en 35 mm, Fescinal encontró una manera de llevar ese juego un poco más lejos.
En la escena final, cuando en la pantalla pide que se encienda la máquina, en La Bombilla hicieron lo mismo: apagaron el sonido de la película para que el público pudiera escuchar el verdadero proyector de 35 mm mientras la música sonaba en directo.
A Lluesma todavía se le pone la piel de gallina al recordarlo. "Fue una auténtica maravilla", detalla.
Quizá ahí está parte del atractivo de volver al celuloide. Y no es únicamente nostalgia. Lluesma percibe también curiosidad entre los espectadores más jóvenes, especialmente en las sesiones de cine mudo con música en directo, una de las propuestas que más está creciendo en el festival.
Esta temporada, Fescinal ha programado clásicos como 'Las aventuras del Príncipe Achmed' de 1926 con acompañamiento musical y 'El estudiante novato', de Harold Lloyd, y recuperará también el espíritu de los autocines de los años cincuenta con una proyección el 28 de agosto de 'A todo gas' por su 25 aniversario rodeada de una treintena de coches americanos clásicos, como Corvettes, Cadillacs y Mustangs.
En una época en la que las películas pueden llegar a las plataformas apenas unas semanas después de su estreno, sentarse frente a una pantalla al aire libre y esperar a que un proyector haga su trabajo ofrece otra manera de encontrarse con el cine.