En el siglo XIX, la nobleza vestía “a la francesa”, marcada por la influencia de la corona: hilos de oro, perlas y trajes que contrastaban con la sencillez de las clases populares.
En esta misma época, figuras como Manuela Malasaña llevaban lo que hoy conocemos como traje “goyesco”, nombre que remite a la vestimenta retratada por Francisco de Goya en sus pinturas.
Sin embargo, con el tiempo la estética popular empezó a seducir a la realeza. Así, las damas empezaron a llevar redecillas con madroños, encajes y pasamanería, adoptando el estilo castizo de los chulos y chulas, hoy convertido en uno de los grandes símbolos culturales de Madrid.