Scariolo, ante su gran cuenta pendiente, la Euroliga

  • Espera que a la tercera vaya la vencida y de esta manera llenar de más gloria su vitrina
Entrenadores y jugadores del Valencia y Real Madrid
Entrenadores y jugadores del Valencia y Real Madrid |efe

Pocos entrenadores de baloncesto cuentan con el palmarés que atesora Sergio Scariolo (Brescia, Italia, 1961), considerado uno de los mejores de la historia por una envidiable trayectoria a la que le quedan pocas guindas por poner. La Euroliga, cuya Final Four disputará en Atenas con el Real Madrid, se encuentra entre ellas.

La pizarra transalpina decidió el pasado verano poner fin a una etapa gloriosa al frente de la selección española con la que se proclamó campeón del mundo (2019), cuatro veces campeón de Europa (2009, 2011, 2015 y 2022) y otra bronce (2017), y dos veces medallista olímpico; de plata en Londres 2012 y de bronce en Rio 2016. Y dijo adiós, entre otras cosas, para demostrar que también era capaz de volver a ganar en el baloncesto de clubes.

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El Real Madrid parecía el lugar idóneo en el que aterrizar para lograr ese objetivo por historia, por la tradicional ambición de la entidad, por plantilla y porque se trataba de una casa que ya conocía tras haber levantado allí la liga en el año 2000 dentro de una etapa que se extendió desde 1999 hasta 2002.

Esa apuesta le ha llevado a mirar de cerca el trofeo de la máxima competición continental de clubes, que ahora solo tiene a dos pasos de distancia después de haber completado una gran fase regular, en la que los suyos acabaron terceros, y de eliminar en cuartos de final al Hapoel Tel Aviv por 3-1.

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Todo ello, además, gestionando bien las cargas y los esfuerzos de sus jugadores, hasta el punto de que a menos de un mes la sensación era de que la plantilla llegaría al completo para los días decisivos en Grecia.

Sin embargo el infortunio se ha cruzado a última hora en su camino y las lesiones de los dos pívots, Walter Tavares y Alex Len, le van a exigir un inesperado giro de tuerca para intentar el más difícil todavía.

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Obligado a cambiar sus planes sobre la marcha, cercenado de sus hombres más altos, le tocará reinventarse para ganar primero al Valencia Basket, que le derrotó en la pelea por el primer título de la temporada, la Supercopa de España; y de lograrlo, posteriormente al Olympiacos, primero de la fase regular, o al Fenerbahce, vigente campeón.

Un reto de grandes dimensiones en la que será su tercera participación en la Final a Four. Los únicos precedentes para él en estas lides son lejanos, el primero en París en 1991 fue con el Scavolini Pésaro, año en el que acabó cuarto tras perder primero contra la icónica Jugoplastika y más tarde contra el Maccabi.

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Para el segundo tuvo que esperar al curso 2006-2007. Por entonces entrenaba al Unicaja de Málaga y tras eliminar al Barça en cuartos se plantó también en Atenas para acabar ocupando el tercer escalón del podio al perder en semifinales contra el Panathinaikos, a la postre campeón, y ganar la lucha por el tercer y cuarto puesto al Baskonia.

Ahora espera que a la tercera vaya la vencida y de esta manera llenar de más gloria una vitrina que aloja, aparte de todo lo ganado con la Selección, donde solo se le resistió el oro olímpico; dos ligas ACB, dos Copas del Rey, una liga y dos supercopas italianas, una EuroCup y un anillo de la NBA como asistente.