Gargantilla del Lozoya vive su último día de fiestas con una jornada que comienza desde primera hora al ritmo de la dulzaina. Los músicos recorren las calles con un pasacalles para protagonizar un alegre despertar y animar a los vecinos.
Tras despertar a todo el pueblo, llega el momento de acudir a la iglesia para celebrar la misa y la posterior procesión en honor a San Benito.
Los jóvenes son los encargados de portar al santo, una tradición que pasa de generación en generación. “Es bonito ver cómo se siguen llevando a cabo todas las procesiones para la gente del pueblo y para nuestros mayores”, explica uno de los anderos.
Después llega la tradicional subasta de ramos y macetas entre los vecinos, que se llevan las flores a casa como recuerdo de estos días.
Música, devoción y tradición para poner el broche a las fiestas de Gargantilla del Lozoya al grito de “¡Viva San Benito!”.