En pleno barrio de Moncloa, los sabores tradicionales de la repostería libanesa se encuentran con el mundo del helado. Es la propuesta de Fré, una heladería puesta en marcha por Javier y su socia que busca trasladar ingredientes y recetas típicas de Líbano a un formato diferente, sin renunciar tampoco a sabores más conocidos.
Entre sus propuestas destaca especialmente el ashta, considerado uno de sus sabores estrella. Se trata de una adaptación de la tradicional crema libanesa utilizada habitualmente en postres y repostería. A ella se suman otros dos helados inspirados directamente en la gastronomía del país: el halawa y el knefeh.
"Ahora mismo tenemos tres helados libaneses, que son el ashta, halawa y knefeh, ingredientes típicos de la cultura libanesa que nosotros hemos transformado y traído al mundo del helado", explican desde Fré.
La carta, sin embargo, también incorpora propuestas más internacionales y cercanas al público madrileño. Entre ellas se encuentran el sorbete de frambuesa, el de mango y maracuyá, además de combinaciones como el coco y matcha.
Un obrador propio en el corazón de la heladería
Una de las particularidades de Fré es que sus helados se elaboran diariamente en el propio establecimiento. El obrador se encuentra en la planta baja, desde donde producen entre diez y doce helados cada día para abastecer la tienda.
"Cada helado tiene su receta propia", señalan. El objetivo es adaptar sabores tradicionales de la gastronomía libanesa a las características y necesidades de un helado, manteniendo al mismo tiempo su identidad.
Es el caso del ashta. La receta parte de la crema tradicional utilizada en los postres libaneses, pero incorpora ingredientes como el salep o la mastika. Esta última es una resina que ayuda a conseguir una textura más elástica y cremosa.
"Nosotros la hemos traído al mundo del helado cogiendo la receta más o menos tradicional, pero hemos añadido ciertos ingredientes como el salep o la mastika para conseguir que ese helado sea un poquito más elástico, que sea muy cremoso", explican.
Un proceso diferente para cada sabor
La elaboración requiere un trabajo diferente dependiendo de los ingredientes utilizados. No es igual producir un helado a base de agua que uno elaborado con leche, por lo que cada receta sigue su propio proceso.
Primero se lleva a cabo la pasteurización de la mezcla. Después, permanece madurando durante toda la noche en una cámara frigorífica. Al día siguiente llega el momento de introducirla en la mantecadora, donde adquiere finalmente la textura característica del helado.
El trabajo continúa durante toda la semana. Aunque cada día se produce algún sabor, en total llegan a elaborar alrededor de catorce variedades diferentes a lo largo de la semana. "Cada helado tiene una forma individual para obtener de cada producto lo mejor", apuntan desde la heladería.
De los helados libaneses a las cookies y los cannolis
Los clientes pueden elegir entre diferentes formatos para disfrutar de las propuestas de Fré, desde el tradicional cucurucho hasta la tarrina o el formato de sándwich de helado.
La oferta se completa además con otros dulces, entre ellos cookies, croissants y cannolis, ampliando una propuesta que combina la tradición repostera libanesa con sabores y formatos más reconocibles para el público madrileño.