Amigos de Bretón ven imposible que perdiera a hijos dado su excesivo control

Amigos de José Bretón, acusado de matar a sus dos hijos en Córdoba, han considerado hoy imposible que el procesado perdiera a los niños en un parque de la ciudad, como él ha mantenido, porque siempre estaba pendiente de ellos y los controlaba de forma excesiva.

En la sesión de hoy del juicio que se celebra en la Audiencia Provincial de Córdoba contra Bretón han declarado también empleados de la cooperativa donde repostaba gasóleo y han testimoniado que el acusado adquirió en las dos semanas previas a la desaparición de los pequeños al menos 250 litros de combustible.

También se ha puesto de manifiesto en la vista que Bretón estaba "excesivamente" tranquilo el día de la desaparición, el 8 de octubre de 2011, y que pudo querer utilizar de coartada a una exnovia de un amigo a la que llevaba 14 años sin ver y a la que el día 7 de octubre llamó y con la que quiso quedar el día mismo de su detención.

EL GASOIL

Los primeros testigos en declarar, por videoconferencia, han sido dos empleados del establecimiento donde repostaba Bretón, acusado de quemar a sus hijos en una hoguera que supuestamente prendió con el gasóleo en su finca de Las Quemadillas.

Bretón repostó en ese establecimiento, dedicado al suministro para transportistas autónomos o taxistas, después de que un vecino de la urbanización donde vivía en El Portil (Huelva) y que trabajaba en ese surtidor le presentara al dueño para que pudiera adquirir gasóleo a mejor precio.

Fue este trabajador quien le ofreció la posibilidad de repostar en ese lugar para ahorrarse entre 10 y 15 céntimos por litro.

Otro de los empleados ha explicado que en septiembre le llenó el depósito y algunas garrafas, "entre dos o tres", que Bretón metió en el maletero.

Por su parte, la administrativa de la empresa ha asegurado que el día 7 cobró a Bretón 80 euros por el gasóleo, aunque no vio si se llevó garrafas, y ha subrayado que llegó muy pronto al surtidor, justo después de dejar a los niños en el colegio y la guardería.

La empresa entregó cuatro facturas a la Policía de las otras tantas veces que repostó desde el 15 de septiembre.

Así, el 19 de ese mes compró 29 litros; cuatro días más tarde, 70; el 3 de octubre, 76, y el 7 de ese mismo mes, 75, si bien este último día no ha podido concretarse si lo llevó además en garrafas.

EXCESIVAMENTE TRANQUILO

Entre los amigos de Bretón, uno de ellos, que coincidió con él en la misión militar en Bosnia y que ha definido al acusado como "muy listo", ha relatado que ya desde el primer momento le pareció raro que se le despistaran los niños porque siempre estaba pendiente de dónde estaban.

Precisamente, este amigo estuvo con Bretón en los primeros momentos de la supuesta desaparición y cada vez que le preguntó al acusado cómo había perdido a sus hijos, éste le respondía: "me he despistado y se me han perdido".

A este amigo le sorprendió mucho que Bretón permaneciera "excesivamente tranquilo" en esos momentos, al igual que otros miembros de la familia del acusado, pero hasta que no hallaron los supuestos huesos de los niños en la hoguera siguió creyendo la versión del procesado.

Otro amigo, con quien Bretón trabajó varios años y con el que mantenía una relación de amistad, también ha asegurado que le pareció "raro". "Me extrañó un poco porque él estaba muy pendiente, siempre mirando por dónde iban los niños", ha subrayado.

Madres de compañeros de guardería de los niños han definido a Bretón como un buen padre, volcado con sus hijos, aunque "excesivamente protector".

Responsables de la guardería han corroborado estas manifestaciones, si bien han recordado que, frente a la actitud habitual del resto de los padres, Bretón entraba en alguna ocasión al aula de la guardería para comprobar el estado de la botella de agua de su hijo que usaba semanalmente.

La sesión de hoy ha concluido con la declaración de una exnovia de un amigo de colegio de Bretón, a la que no veía desde hace muchos años y con quien quiso retomar una amistad el día anterior a la desaparición de Ruth y Jose, de 6 y 2 años en ese momento.

Con la excusa de pedirle el contacto de ese amigo para una fiesta del colegio, Bretón la llamó el 7 de octubre y después intentó quedar con ella el mismo día de su detención.

Bretón retrasó algunas horas la cita y ya cerca de las 22.00 horas del 17 de octubre, la última hora a la que habían quedado, la llamó al teléfono móvil para anular el encuentro porque estaba "colaborando con la Policía" y le "seguía la Guardia Civil".

La mujer ató cabos, según ha dicho, y le preguntó si él era Jose Bretón, a lo que éste respondió: "ya hablaremos".

La testigo no ha descartado que Bretón quisiera quedar con ella y entablar una relación para tener una coartada.