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El miércoles Pedro Sánchez comparecía en el Congreso. Allí se aprobaba por mayoría absoluta que haya moción de censura o elecciones. Desde entonces, la Fiscalía ha pedido cárcel para el Tito Berni, se han conocido más mensajes entre Zapatero y su secretaria, los mails que confirmarían el amaño en los contratos que se dio al socio de su mujer.

Pero hoy, Sánchez, lejos de hacer autocrítica, ha reducido la corrupción a un caso, el de Ábalos, Cerdán y Leire, sin mencionarlos. Limita a ellos la responsabilidad, pero omite que fueron personas que nombró él para cargos desde los que cometieron los delitos por los que han sido condenados o encarcelado.

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Sánchez, además, ha vuelto a defender a Zapatero. Cree que se han vulnerado sus derechos fundamentales: también ha hablado de persecución hacia su mujer y su hermano, en un discurso gemelo al que pronunció el pasado miércoles en el Congreso. La idea fuerza es continuar porque merece la pena.

Frente a los casos de corrupción, ha reiterado que son tres escenarios distintos y ha insistido en la inocencia de su familia y en el ensañamiento del juez Peinado. Además de denunciar la filtración de los datos personales de Zapatero.

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En su intervención rechazo a los que considera el discurso catastrofista de la derecha y una frase a modo de resumen: Ha concluido repitiendo que habrá presupuestos en 2026 y elecciones, solo en 2027.