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La subida de carburantes y de gas solo es la primera consecuencia directa de la guerra de Irán. Los principales exportadores de fertilizantes nitrogenados son Omán, Qatar, Arabia y Emiratos. Su escasez provocará incluso riesgo de hambrunas en los países más pobres. Otro sector, el farmacéutico, tiene a Dubai como gran centro logístico. El 25% de azufre se extrae en Oriente Medio, es indispensable en la producción de cobre y de níquel; también el aluminio.

Todo esto afecta a la fabricación de aparatos, vehículos, redes eléctricas, baterías y materiales como el acero inoxidable. Y no es solo lo que tenga origen en la región, sino todo lo que tendría que circular por ella en su camino a una Europa demasiado dependiente de terceros.

La guerra de Irán dispara el coste de los fertilizantes y encarece productos como los cereales o el azúcar

Efectos también financieros, porque la inflación se desboca y da al traste con los intentos de los bancos centrales por contenerla.

En una economía tan dependiente del sector servicios como la española, el siguiente peldaño de la crisis vendrá con la caída del consumo.