Todo empezó con una pregunta: "¿Qué hubiera cambiado en mi vida si alguien me hubiera ayudado?". Ismael conoce de primera mano lo que significa sufrir bullying: durante años vivió situaciones de acoso y recuerda especialmente la sensación de sentirse diferente y estar solo.
Ahora ha decidido transformar aquella experiencia en una herramienta para ayudar a otros menores. Así nació el Proyecto YASIRA, una iniciativa destinada a prevenir, detectar y abordar el bullying y el ciberacoso.
El objetivo es que los niños no permanezcan como simples espectadores ante una situación de acoso, sino que aprendan que sus decisiones pueden marcar la diferencia.
Para conseguirlo, YASIRA recurre a un lenguaje que forma parte del día a día de muchos menores: los videojuegos. Dentro del juego, los participantes pueden enfrentarse a diferentes situaciones, tomar decisiones y comprobar las consecuencias de sus actos.
La idea es mostrar que intervenir puede cambiar por completo una situación de acoso y que un compañero que antes hubiera permanecido indiferente también puede convertirse en parte de la solución.
Porque el bullying no termina necesariamente cuando suena el timbre del colegio. Las redes sociales han abierto una nueva puerta al acoso y permiten que determinadas situaciones continúen fuera de las aulas.
El ciberacoso amplía además el alcance de las situaciones de hostigamiento y plantea nuevos retos para familias, centros educativos y alumnos. A ello se suma la aparición de nuevas herramientas tecnológicas, incluida la inteligencia artificial, que introduce nuevos escenarios que deben ser abordados.
Por eso, para Ismael, enseñar a intervenir también forma parte de la solución. No se trata únicamente de identificar a quien sufre acoso, sino también de proporcionar herramientas a quienes están a su alrededor para que sepan cómo actuar.
Los datos reflejan la dimensión del problema. Uno de cada tres estudiantes de entre 11 y 15 años sufre acoso escolar, según las cifras manejadas en el proyecto. Además, una parte de los casos puede prolongarse durante largos periodos: uno de cada cuatro casos se alarga durante más de un año.
Ismael no puede cambiar lo que le ocurrió. Pero sí ha decidido utilizar aquella experiencia para intentar que otros niños y adolescentes no tengan que pasar por lo mismo.
Ese es el propósito de YASIRA: convertir una experiencia de sufrimiento en una herramienta de prevención y conseguir que, ante una situación de acoso, haya cada vez más personas preparadas para actuar.