Vídeo: Pilar Martín/EFE | Foto:Telemadrid
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En el Palacio de Velázquez del Retiro, y bajo el nombre de ‘Autorretrato de otro’, la exposición de las obras del pintor surrealista japonés Tetsuya Ishida estará abierta hasta el 8 de septiembre. En tan solo 10 años de actividad artística, Ishida produjo una gran cantidad de obras donde el ser humano se mimetiza con la fábrica, la escuela o la vivienda, escenarios de opresión que protagonizan la primera retrospectiva fuera de Japón que acoge el Museo Reina Sofía.

Esta exposición reúne una selección de 70 pinturas y dibujos realizados por Ishida entre 1996 y 2004, un año antes de que falleciera a los 32 años, ahora forma parte de la denominada ‘generación perdida’.

"Refleja como pocos la soledad del ser humano (...) Pertenece a una generación atrapada entre dos formas de estar en el mundo: el 'karoshi', que es la dedicación a la empresa que lleva a la muerte por exceso de trabajo, y el 'ikikomori', que son esos jóvenes que no salen de sus casas", ha contado Manuel Borja-Villel, director del Museo Reina Sofía.

"Esa frialdad provoca en el espectador un sentimiento de empatía".

Según ha descrito Borja-Villel, el personaje repetido en todos los cuadros, siempre con la mirada perdida, aparece "atrapado en espacios distópicos". Y los sitúa ahí con realismo y "gran frialdad", "aparentemente sin emociones", ha matizado. Pero también con "humor" y con "cierta melancolía": "por eso no es paralizante, al contrario, esa frialdad provoca en el espectador un sentimiento de empatía", reflexiona el director del museo.

Se refiere, por ejemplo, a lienzos como el "Toyota Ipsum" (1996), un retrato feroz de trabajadores de esta empresa cuyas extremidades se han convertido en coches o sus orejas en neumáticos, como si de personajes kafkianos se tratara. Precisamente, según ha recordado, esta fue la primera obra que conoció de Ishida en la Bienal de Venecia de 2005.

Y otros igualmente inquietantes como "Propiedad pública" (1999), donde tres rostros se convierten en parte de un paso de cebra, o "Distancia" (1999) donde este personaje, en esta ocasión con cuerpo de una especie de caballito de mar, se encuentra en el interior de una cabina de teléfono situada en medio de una carretera vacía.

En palabras de la comisaria de la muestra, Teresa Velázquez, la exposición está dividida en tres secciones: la regresión a la infancia o el adolescente desorientado, el trabajo como alienación, y la obsesión por el confinamiento y el cuerpo infectado. Cuadros donde Ishida puso rostros a la "crisis del capitalismo tardío a través de un personaje sin pliegues" cuya existencia "encarna a todo aquel que se ve sin futuro", ha agregado.

"En solo diez años dio cuenta de una aplastante crisis. El trabajo es cada vez más invasivo y evidencia sin tapujos el uso excesivo de la tecnología que nos obliga a una disponibilidad total. Tiene algo de narrativo que deviene en denuncia, pero no parece que haya compromiso político", ha concluido.