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El siniestro ocurrido este domingo se sitúa como el cuarto accidente ferroviario más grave registrado en España si se atiende al balance global de víctimas. El episodio más trágico de la historia tuvo lugar en 1944 en El Bierzo, donde el número de fallecidos fue de casi 500 muertos.

Pese a estos episodios, el ferrocarril de alta velocidad se ha consolidado como uno de los pilares del transporte en nuestro país: 40 millones de pasajeros utilizaron estas líneas el pasado año, una cifra récord alcanzada tras la liberalización del sector y la llegada de nuevos operadores (Ouigo, Iryo y Avlo).

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Actualmente, España cuenta con más de 3.700 kilómetros de líneas de alta velocidad que conectan 57 ciudades.

La red comenzó a tomar forma hace 34 años con la inauguración del AVE Madrid-Sevilla, en abril de 1992, cuando operaban apenas 18 trenes.

A partir de ahí, el mapa ferroviario fue creciendo de manera progresiva: en 1999 llegó la línea Córdoba-Málaga; en 2003, Madrid-Zaragoza; en 2007, Madrid-Málaga y Madrid-Valladolid. En 2008, la alta velocidad unió Madrid y Barcelona. Desde 2015 se incorporaron León y el Eje Atlántico; en 2022, Burgos; y en 2023 y 2024, Oviedo y Gijón. A día de hoy, la red continúa en expansión con nuevos tramos en construcción.

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El accidente registrado en Adamuz es técnicamente el primero ocurrido en un tramo de alta velocidad.

El precedente más cercano es el de Angrois, a la entrada de Santiago de Compostela, en julio de 2013. Aquel siniestro se produjo en un tramo de vía convencional al final de una línea de alta velocidad: un tren Alvia descarriló en una curva por exceso de velocidad y 80 personas perdieron la vida. Es considerado el accidente ferroviario más trágico de la España moderna y supuso un antes y un después en materia de seguridad.

Otro suceso grave tuvo lugar en junio de 2003, cuando un tren de alta velocidad que circulaba por línea convencional, un Talgo, chocó con un convoy de mercancías en la localidad albaceteña de Chinchilla. El balance fue de 19 muertos.

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Entre los accidentes en líneas convencionales destaca el del Intercity "Miguel de Unamuno" en Navarra, en 1997, con 18 muertos y más de un centenar de heridos. En O Porriño, Pontevedra, un tren descarriló cerca de la estación en septiembre de 2016, causando la muerte de cuatro personas.

También los servicios de cercanías y metro han registrado accidentes mortales. En 2018, un desprendimiento de piedras provocó la salida de vía de un tren de Rodalies en Barcelona, con un pasajero fallecido. Y en julio de 2006, el Metro de Valencia descarriló por exceso de velocidad: 41 personas murieron en el acto y dos más en los días posteriores.