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Superar una tragedia como la vivida en el accidente ferroviario de Adamuz no termina con salir ileso. La culpa, la rabia, la tristeza o el pánico pueden invadir a quienes lograron sobrevivir. Los expertos insisten en que el acompañamiento psicológico es clave para afrontar el impacto emocional.

Alejandro es un buen ejemplo de ello. Él viajaba en el coche 3 del tren Iryo siniestrado en Adamuz y, aunque físicamente no sufrió daños, el recuerdo del accidente vuelve una y otra vez a su memoria.

"Es una sensación muy difícil de gestionar"

"Tuve la sensación de atropellar algo, sentí piedrecillas, cada vez se movía más, frenazos muy gordos... Se me hizo eterno", relata.

Este profesor madrileño de educación física no deja de preguntarse por qué él sí sobrevivió mientras otros no tuvieron la misma suerte. Los especialistas identifican este sentimiento como la "culpa del superviviente".

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"Es un sentimiento muy desagradable porque aquellas personas en la misma situación se han quedado allí y tú puedes seguir haciendo vida normal. Es una sensación muy difícil de gestionar", explica.

Las secuelas psicológicas pueden manifestarse de muchas maneras y no siempre son inmediatas. "Revivir el accidente, la hipervigilancia, la sensación constante de amenaza o no querer coger un tren nunca más", enumera una psicóloga.

En tragedias de esta magnitud, el apoyo del entorno resulta esencial. Los grupos de ayuda, la familia y los amigos se convierten en un pilar fundamental para iniciar la recuperación. "Personas que han vivido lo mismo que tú, con las que puedes compartir, relatar y sentirte escuchado", destacan desde estos espacios de apoyo.

Puente dice que "se asumirán las responsabilidades necesarias por el accidente, sean por acción u omisión"

"Desde llevar comida hasta ayudar con gestiones, con los niños o con los mayores. La palabra sería "estar y acompañar"", añaden.

Alejandro afronta ahora el reto de convivir con lo ocurrido, aprender a seguir adelante sin olvidar lo vivido.