Vídeo: REDACCIÓN | Foto:Telemadrid
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Desde primera hora de la mañana, decenas de inmigrantes se concentran en las inmediaciones del tanatorio de la M‑40, en Usera, donde esperan que algún conductor les ofrezca trabajo para ese mismo día.

La escena, que durante años se producía en la Plaza Elíptica, se ha desplazado a esta zona del sur de Madrid debido al control policial y a las tensiones surgidas entre los propios trabajadores.

A partir de las siete de la mañana, los grupos se sitúan en los accesos de un gran almacén de construcción y se ofrecen a quienes llegan en coche con la esperanza de conseguir una jornada laboral.

Muchos de ellos explican que están en proceso de regularización, mientras que otros trabajan como autónomos y cuentan con la documentación en regla.

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"Sábado y domingo, todos los días estamos aquí", comenta uno de los presentes, mientras otro explica que lo que gana "sale para la habitación, para los alimentos".

Entre las tareas que ofrecen figuran trabajos como "ayudante de construcción, jardinero, conserje…".

La precariedad marca su día a día, "si pierdes una semana o dos semanas pues no comes, tienes que venir a trabajar sí o sí a ver qué te sale", explica otro trabajador.

El pago habitual ronda los 60 euros por jornada, aunque algunos denuncian que no siempre se cumple lo acordado, "como no tienes papeles, se aprovechan, a veces les hacen trabajar una semana o un mes y luego no les pagan", lamenta uno de ellos.

Nilson, reformista, acude también a la zona, pero solo recoge a quienes pueden acreditar su situación administrativa, "trabajo en obras donde hay arquitectos, donde hay muchas cosas, entonces me exigen la documentación, lamentablemente no puedo recoger a mucha gente", señala.

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No todos los empleadores actúan de forma irregular. Algunos, según relatan los propios trabajadores, les ayudan incluso con trámites de documentación.

Entre quienes esperan una oportunidad está Yasmine, la única mujer del grupo. Es oficial de pintura y reconoce que a veces sube a los coches con miedo, "porque no sé para dónde voy ni a dónde voy a llegar, no sé qué sorpresa voy a tener cuando llegue al trabajo", nos explica.

Aun así, continúa acudiendo cada día: "Toca hacerlo porque es para sobrevivir".

La actividad se prolonga hasta bien entrada la tarde, de lunes a domingo. Todos ellos aguardan con paciencia una oportunidad que les permita seguir adelante en una situación marcada por la incertidumbre y la falta de alternativas laborales.